Llegando a Uyuni por la carretera a Potosí, desde Pulacayo ya se vé como la cordillera y su páramo dan paso al desierto. Y como tal nos recibe con una tormenta de arena y frío que hacía perder los últimos rayos del sol de la tarde.

Uyuni es un pequeño pueblo. Ya tiene el doble de tamaño que hace cuatro años, cuando lo conocí por primera vez. Pero lo esencial parece no haber cambiado: la estación del tren con su tradicional cartel, la Torre del Reloj y la Avenida Ferroviaria con las agencias de turismo una al lado de la otra. Pero este año un evento le cambió la cara al pueblo, casi literalmente, el rally Dakar pasó por aquí, y es motivo de orgullo para todos.

El Dakar pasó por Uyuni con todo

El Dakar pasó por Uyuni con todo

Tradicionalmente los viajeros pasan como un rayo por aquí, pero en algunas ocasiones excepcionales, la estadía se puede extender, y es lo que nos pasó a nosotros. Creo que la verdadera razón es que aún no nos queríamos ir del todo de Bolivia, un país que nos llegó en un momento muy particular, que nos puso a prueba, que nos enamoro de sorpresas. Pero mientras tanto nos excusábamos en encontrar el mejor negocio para hacer la clásica excursión por el Salar, el desierto y las lagunas hasta la frontera con Chile. Así fue como pudimos probar la parrillada de llama, por ejemplo, disfrutar por última vez las bondades de tener un mercado donde comprar alimentos ricos, frescos y muy baratos.

En este tiempo de espera que tuvimos, pudimos encontrarnos con nuestros admirados y nuevos amigos, Lucía y Rubén, los españoles de Algo que Recordar, que tal vez recuerden de episodios como el boom mediático de su corto “Síndrome del Eterno Viajero”. El equipo estaba casi listo, sólo faltó que se unieran Caro y Czedric para que llenáramos la camioneta de Edwin con nuestras ansias por recorrer estos kilómetros tan peculiares de la geografía de Sudamérica.

Al Salar...

Al Salar…

Durante todo el primer día fuimos sobre el blanco de la sal. Son más de doce mil kilómetros cuadrados de blancura, de la cual se explota una mínima parte para luego ser procesada y adecuada para el consumo. La Isla del Pescado es un cúmulo de cactus gigantes que a distancia dibuja por el espejismo la forma de un pez. La sensación de infinito que da la perspectiva es el ingrediente para transformar a este desierto en una gigantesca sala de juegos fotográficos.

Blanco - sal

Blanco – sal

El inmejorable timming con que Edwin nos llevó hizo que llegáramos al final del salar para el atardecer. Las siluetas azules de las montañas eran la única pista concreta de un horizonte, y podíamos confiar en que todo lo que estaba a la vista se dividía entre cielo y tierra, aunque tuvieran el mismo color y textura. Sal en el piso, nubes arriba. Todo fue violeta por unos pocos minutos. Ese recuerdo no se perderá por años…

Código de barras

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Levitación

Levitación

El segundo día es el día del Flamenco. El paseo recorre el desierto en busca de las lagunas olorosas y coloridas donde estas extrañas aves tienen su nicho. Mientras esperábamos (no tan) pacientemente que levantaran vuelo, veíamos como comían barriendo el fondo de las aguas de unos extraños camaroncitos minúsculos, otros estaban en mi pose favorita: durmiendo en una pata con el cuello enrroscado. Y todos los seres humanos en las orillas apuntando sus cámaras antes de seguir viaje al siguiente punto. Un desierto – desierto, un desierto de piedras, un par de ruedas pinchadas, dos tanques llenos de anécdotas, debates y reflexiones al por mayor… toda la experiencia es difícil de abarcar.

Uno y mil flamencos

Uno y mil flamencos

Hola Volcán

Hola Volcán

Cuando algo nos impacta de manera especial, cuando un paisaje nos deja boquiabiertos y no encontramos palabras ni punto de comparación en nuestro bagaje de referencias, nos rendimos fácilmente y declaramos “Parece de otro planeta”, o incluso “esto es la Luna!”, como si hubiéramos estado en ella. Ese razonamiento será más simple que tan sólo reconocer que nuestro planeta es tan rico e impresionante que nos espera con lugares como estos:

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Atardecer mágico y terrenal

El frío de los casi 5000 metros de la Laguna Colorada también es de este mundo. Así como la calidez de la sopa recién hecha, el buenhumor de la señora que nos atendió y el vino que nos hizo olvidar unos grados por otros. Dormir? Quedó para otro momento. Esa noche fue para repasar todo lo que pasó entre la primera noche que pasé en uno de estos refugios hace cuatro años y ahora. Muchos kilómetros y muchos cambios. Aquel viaje fue en un punto el principio de éste. Y también empieza a señalar el final.

El último día salimos antes que el sol para esperarlo junto a los géiseres. Ese frío tan terrenal casi hizo que mis dedos se fueran realmente a otro mundo, pero por suerte aún los conservo. (Nota mental: la primera vez, usar doble medias funcionó, por qué no repetirlo?). Para sentirme revivir, no lo pensé tres veces (no voy a mentir, sí lo pensé dos veces…) y me metí en las aguas termales. Y con esa energía vital transmitida desde el corazón de La Tierra encaramos los últimos kilómetros hasta el volcán Licancabur, el límite entre Bolivia y Chile. Nos despedimos del grupo con una hermosa sensación de hasta pronto, y nos fuimos al otro lado de la frontera para empezar a percibir los contrastes desde el minuto cero.

Géiser al amanecer

Géiser al amanecer

El paisaje en la bajada a San Pedro de Atacama no es menos impactante, pero la sorpresa fue eso que los mapas no muestran, la inminencia y cercanía a casa…

Casi... pero nos fuimos a la derecha ;)

Casi… pero nos fuimos a la derecha 😉

DATOS ÚTILES:

LLEGAR A UYUNI: Desde Potosí, por unas cuatro horas de viaje, hay buses que salen de la Ex Terminal por 30 bolivianos. Desde Oruro se puede llegar en tren, viaje lento pero hermoso, entre 30 y 120 bolivianos según día y clase. También hay buses desde Oruro, La Paz y Tupiza.

ALOJAMIENTO EN UYUNI: Hay muchísima oferta, lo más económico que conseguimos fue un alojamiento muy básico con agua caliente en baño compartido por 30 bolivianos por persona (a negociar 😉 ) cerca de la zona de la terminal, que en realidad es una calle donde paran los transportes.

COMER: Hay varios restoranes caseros en la zona del mercado, donde también se consiguen productos frescos de la zona a muy buen precio. Para la noche les recomiendo alguna de las parrilladas de la avenida Potosí donde se puede probar la carne de llama, típica del lugar.

EXCURSIONES: Se puede visitar el Salar en paseos de uno, dos y tres días. Si sólo les interesa ver el Salar propiamente dicho, con la excursión de un día es suficiente, y se consigue desde 120 bolivianos. Personalmente creo que lo mejor es hacer la excursión de tres días (ya es la segunda vez que la hago y no tiene desperdicio). Hay muchas agencias en la ciudad, todas ofrecen básicamente lo mismo y van a los mismos lugares. Esta opción cuesta entre 600 y 900 pesos bolivianos… Negocien y cierren trato con quien los trate mejor, es mi consejo.

Sobre El Autor

Soy Vito. De raíz riojana y treinta y pico de años. Viví también en Córdoba, Mar del Plata, Buenos Aires. Viajé por Nueva Zelanda, Cuba, Italia, Bolivia y otra veintena de países más. Pediatra de vocación y formación, y en los ratos que me hago entre el trabajo “serio” trato de aprender algo nuevo (tejer, cocinar, fotografiar, hablar otros idiomas, lo que sea). Amante del yoga (a.k.a. “profesora”), curiosa ayurvédica. Estudio y trabajo con la salud y la enfermedad, pero a mí lo único que me curó fue viajar. Una vez sentí que era hora de poner los pies en la tierra… y lo tomé demasiado literal, quizás.

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11 Respuestas

  1. Juan Manuel

    Hermosas fotografías e increíble lugar!!!
    Aun, a pesar de ser un enamorado de Bolivia no conozco el salar. Este verano iba hacía allí desde La Paz cuando en Patacamaya decidí que me iba a Sajama y cambié de ruta dejando Uyuni para una tercera oportunidad. Supongo que por eso de que la tercera es la vencida, jajaja, veremos!!! 🙂

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    • Vito

      Quién dibujará tan caprichosamente nuestros caminos? Ya te va llegar, no te lo pierdas 🙂 abrazo grande, Juan, nos vemos pronto parece…

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  2. Lore de Qué Memoria La Mía | Blog de viajes

    Piel de gallina: Las siluetas azules de las montañas eran la única pista concreta de un horizonte, y podíamos confiar en que todo lo que estaba a la vista se dividía entre cielo y tierra, aunque tuvieran el mismo color y textura. Sal en el piso, nubes arriba. Todo fue violeta por unos pocos minutos. Ese recuerdo no se perderá por años… 😀

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    • Vito

      Gracias, Lore! Esas son las primeras líneas que escribí sobre este hermoso paseo, me alegro que las hayas recibido así.
      Abrazo

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  3. algoquerecordar

    Vito, Victoria o Viky Vikinga… fue todo un placer cruzar nuestros caminos y sobre todo en un lugar tan único como es Uyuni. La experiencia se nos quedará grabada para siempre, por el entorno y por la compañía. Es curiosa esa sensación de encontrarte con alguien al que después de 5 minutos es como si conocieras de toda la vida. Un hasta luego gigante!

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    • Vito

      Mis chiquillos! Los vamos a extrañar… gracias por todo! Nos veremos con un buen “café a la Ross” lleno de historias por ahi 😉
      Abrazo grande!

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  4. Tio Carlos.

    Muy buena la expo.

    “La fotografia no puede cambiar la realidad pero si puede mostrarla”.
    Fred Mc Cullin

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  5. carlina

    Hola! muy buena la informacion! Me gustaria saber en que agencia contrataron el tour por el salar, ya que dijiste que los trataron tan bien… Gracias y suerte en el camino!

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  6. Carlina Rodd

    Hola! Muy buena la informacion! Me gustaria saber que agencia contrataron para el tour por el salar, ya que dijiste que los trataron tan bien… Gracias y suerte en el camino!

    Responder

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