Hampi fue sin dudas desafiante. Nos mostró su duro desafío del tiempo, las paredes magníficamente talladas resisten no sólo a que los siglos les pasen por encima y los costados, sino a la India toda, que ayer la generó y hoy la degenera. Visitar Hampi se imponía en nuestro itinerario por India. Este país tiene una riqueza arqueológica sorprendente y quizás una de las mejores evidencias sea esta ciudadela, la Ciudad de la Victoria, y sus ruinas.

Hampi India

La Ciudad de la Victoria, Hampi

Nos sorprende tanto la belleza e inmensidad de lo que queda de la ciudadela, sus templos, palacios y complejos. Y es igualmente sorprendente lo a la deriva que está todo. Cualquiera, nosotros inclusive puede subir y bajar escaleras y tarimas del siglo XIV y toquetear paredes y esculturas de dioses y apsaras voluptuosas.

Incluso hay restos de zócalos, brazos de algún dios, firuletes no identificados que se acumulan en los costados. Como las piezas que sobraron de un rompecabezas mal armado. Como la evidencia de un restaurador que se cansó y dejó su mesa de trabajo a medio acomodar para volver mañana a retomar… y mañana nunca llega. Da la sensación que nos podríamos un llevar un recuerdo sin que nadie lo note. O peor aún, que está todo a disposición de cualquiera que pueda transportarlo.

Hasta hay una elefanta famosa por sus bendiciones…

Todo no. Hay dos lugares “formalmente” custodiados (sólo en la entrada). Cobran un ticket conjunto de 500 rupias por persona, que es válido para un sólo día. Hasta ahí todo normal. En Machupicchu uno visita una ciudadela con un solo ticket válido para un sólo día. Pero en Hampi, el Templo Vittala y el Recinto Zenana, que requieren entrada distan entre sí de uno 10 o 15 kilómetros. Y en Hampi, un día cualquiera hacen al menos 35 grados.

Hampi Vito

Sonrisa relajada de quien aún no perdió nada…

El nuestro no es un día cualquiera. Nos aplastaban 42 grados. Antes de alquilar las bicis decidimos dar un pequeño paseo. Se puede llegar a uno de esos sitios estelares, el Templo Vijaya Vittala caminado por un sendero que sube y baja por rocas, se asoma al río, pasa por un templo… o en bici por la carretera pasando por otros lugares y el pueblo mismo. Fuimos por el sendero caminable, nos dimos un descanso al borde del agua y justo cuando vamos a comprar la quinta agua del día y pagar la entrada de los sitios nos enfrentamos al mayor desafío viajero: el vacío.

El bolsillo está vacío. El dinero estaba en la billetera. La billetera estaba en el bolsillo. El bolsillo está vacío. Y no es como tantas otras veces que te parece que está vacío, pero en realidad está más al fondo. O que está vacío porque la guardaste sin querer en otro lado. En los otros bolsillos tampoco está. En la mochila está todo lo demás, pero la billetera no está. Su lugar, en el bolsillo, está vacío. Como el vacío que se te hace en la panza. O en la memoria. Hasta que reaccionás y recuperas todos los últimos pasos que hiciste en el día. Los desandamos una, dos, tres veces.

Los 42 grados se transformaron en 45, y seguimos en pie porque unos cordobeses que casualmente encontramos nos regalan una botella de agua, de lástima no más. Hay varios policías en todos lados que ya nos saludaron al pasar la primera vez. Les preguntamos, primero no entienden. Después se preocupan porque creen que nos robaron. Les decimos que creemos que se nos cayó. Se alivian, sonríen y nos dicen “Ah, fue su negligencia”, y nos dan a entender que no les corresponde ninguna participación en el hecho. De todos modos llegamos a la comisaría. El oficial anota nuestros datos en un rudimentario libro de guardia al que no le podemos hacer ni fotos ni copias. Nos promete que va a mandar a alguien a recorrer el predio y que luego de las 6 de la tarde lo llamemos a ver qué novedades tiene.

Viste algo vos??

Nadie encontró nada. Luego de un descanso mental, físico y emocional, decidimos darle revancha y recorremos tratando de no mirar atrás todas las ruinas. Las amamos. Podría ser nuestro lugar favorito de India. Nos desafía a que nos olvidemos de todos los inconvenientes. Que resistamos a todo como esas esculturas y templos. Que nos adaptemos como esos caminos que antes eran pisados solo por caballos y elefantes y hoy reciben ruedas desde bicicletas a carros eléctricos para 30 personas. Que busquemos salidas estratégicas como los antiguos pobladores deberían haber hecho antes que los invasores acabaran con todos.

Es difícil, pero lo logramos. Disfrutamos mucho, conseguimos olvidarnos de los problemas. Quizás el calor es tanto que hasta derrite los pensamientos. La comodidad nos ayuda. El Hotel Viyajsree es hermoso, enorme, silencioso. Estas burbujas dentro de India en situaciones así se agradecen, y mucho.

Info Útil

Cómo llegar?

Nosotros viajamos desde Mysore, en tren (11 horas, en sleeper class, 400 rupias cada uno). La estación de llegada es Hospet, una ciudad chica, a unos 20 km de Hampi. Podés tomar un bus en la estación de buses o ir en rickshaw/taxi.

Dinero

Para que no te pase como a nosotros, tené en cuenta que en el pueblo de Hampi hay un sólo cajero automático y no siempre funciona. En la ciudad de Hospet hay muchos, pero el único que funcionó con nuestra tarjeta internacional es uno de un banco privado que se llama DIBI. En el pueblo de Hampi podés cambiar dólares o euros, quizás no sea el mejor cambio, pero algo es algo.

Dónde dormir?

Nosotros nos dimos el gusto de disfrutar del Hotel Vijaysree Village, un resort con todas las letras, y las estrellas. Como ya dijimos antes, estos “lujos” en India son muy accesibles en comparación a otros países. Una habitación con todas las comodidades, desayuno, pileta, y parque de actividades culturales todos los días te puede salir 30 dólares por noche! (Reservando directamente en su web tenés mejores precios que por las plataformas de buscadores).

Hampi es un pueblito bien chiquito, hay muchas guesthouse y restaurantes si preferís hospedarte entre las ruinas arqueológicas.

Actividades

La visita íntegra a las ruinas la podés hacer por tu cuenta, caminado, contratando un rickshaw que te lleve por todos lados (el precio estará en tu poder de negociación, pero creo que el más barato nos ofreció a 400 rupias todo el día) o alquilando una bici (100 rupias por todo el día). Hay un app para descargarte un autoguía – sí, “auto”, no audio (muy básica) para saber un poco más de los sitios arqueológicos. También hay tours con guía en inglés, quizás alguno en español, que podés contratar en el momento en el pueblo. Íbamos a hacer uno en bici, grupal, con guía y almuerzo por 500 rupias (de 9 a 14hs), pero sucedió el inconveniente de la billetera…

Entrada a las Ruinas de Hampi

El Templo Vittala (donde está el famoso carro de piedra), el Recinto Zenena y el Establo de Elefantes requieren presentar un ticket. Cuesta 500 rupias por persona (valor al mes de junio de 2018), y el horario de visita es de 9 a 17hs. Es importante que siempre sepas el horario de cierre porque aunque falten cinco minutos para cerrar te cobran entradas y te dejan pasar, al ratito te buscan y te dicen que te tenés que ir… El resto de los templos, palacios y demás ruinas son gratuitos (por ahora).

IMPORTANTE

Hace muchísimo calor! Llevá dinero extra para comprar mucha agua y limonadas, en casi todas las entradas a los sitios principales hay vendedores. Protector solar, gorro, ropa cómoda y clara, tiempos suficiente para hacer pausas y poder disfrutarlo de la mejor manera!

Asistencia al Viajero

Si en este o cualquier otro viaje tenés la mala suerte de perder tarjetas de crédito o débito, o documentos, mejor que tengas a mano tu Asistencia al Viajero. Nosotros viajamos con Assist 365 y lo recomendamos. Si lo contratás con éste código tenés un descuento!

Sobre El Autor

Soy Vito. De raíz riojana y treinta y pico de años. Viví también en Córdoba, Mar del Plata, Buenos Aires. Viajé por Nueva Zelanda, Cuba, Italia, Bolivia y otra veintena de países más. Pediatra de vocación y formación, y en los ratos que me hago entre el trabajo “serio” trato de aprender algo nuevo (tejer, cocinar, fotografiar, hablar otros idiomas, lo que sea). Amante del yoga (a.k.a. “profesora”), curiosa ayurvédica. Estudio y trabajo con la salud y la enfermedad, pero a mí lo único que me curó fue viajar. Una vez sentí que era hora de poner los pies en la tierra… y lo tomé demasiado literal, quizás.

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