Los Backwaters de Kerala son una especie de delta que se formó luego de varias idas y vueltas del mar más alguna inundación desde la zona de Periyar, al sur de India. Hoy en día varios ríos y riachos vienen a reunirse aquí, forman algunas lagunas , para luego ir en manada hacia el mar. Hoy navegar por los backwaters es uno de los paseos más atrayentes para todos los que vistamos Kochi o Allepey.

Estábamos ya empezando a cansarnos del calor agobiante de Kochi y el no menos agobiante bullicio de los indios transitado y bocineando a más no poder por sus calles, cuando nos llega un mensaje. Si estuviéramos en tiempos románticos podría relatar que fue un mensaje en una botella, encontrado en la playa luego del atardecer. Pero sabés que no, sabés que fue un mail. Era Tomy de la empresa River and Country Tours y nos invitaba a pasar todo un día, con su noche, navegando por los Backwaters de Kerala en una especie de barco boutique, un house-boat deluxe. El tradicional kettuvalam hoy reacondicionado a hotel flotante. Tiene dos habitaciones pero vamos solos, con tres tripulantes (dos navegantes y un cocinero). Tiene una sala en la proa rodeada de ventanales para que no escape ningún detalle del paisaje. Una vez alistados y refrescados con sendos cocos, zarpamos con rumbo desconocido!

El ritmo es más lento que los pensamientos, y se agradece que no haya casi ruido motor. Falta poco para el mediodía, y la vida se muestra calma a los costados del río. Algunas mujeres, en gran mayoría mujeres, prueban suerte con una pequeña línea de pesca, quizás para hacer el almuerzo más suculento.

Muy lentamente, al cabo de dos horas de navegación serena, llegamos a la Gran Laguna, Vembanad, una de las más grandes de India. Este es el punto en común para los distritos de Kottayam, Alappuzha y Ernakulam. Y está rodeada del humedal más grande del país, del que solo recorreremos una parte, y donde viven comunidades que hace ya décadas se dedican a las plantaciones de arroz. Para proteger los campos del efecto nocivo que tendrían las oscilaciones de la marea y la salinidad del agua, hay varias compuertas que impiden el ingreso del mar y regulan estrictamente el vaciamiento de los más de diez ríos que aquí confluyen, según las temporadas de lluvia o sequía. Como contrapeso detuvo la migración de peces que llegaban desde el mar y favoreció el florecimiento de los camalotes que hoy son plaga.

Mientras investigamos todo esto, nuestro cocinero se despacha con un tremendo almuerzo. Lo que en Sri Lanka llamábamos casi con aburrimiento “rice and curry” aquí toma el verdadero abanico de variantes posibles. No hay verdura que se les escape y el coco siempre presente para darle perfume y cremosidad a todo. Esta vez nos animamos a dar un paso más, probamos un pescado (habiéndonos asegurado que hay sitios de pesca comercial en aguas frescas preservadas desde hace más de una década por su importancia en el ecosistema, aunque de todos modos… esto es India muchachos!). Conclusión; estaba riquísimo!

Pipones como estábamos no pudimos evitar aprovechar los sillones en nuestra terraza móvil de privilegio, y ver la cotidianidad seguir su rumbo junto al nuestro. A las 3 de la tarde los niños salen del colegio y se desparraman por los pequeños caminos costeños y en algunas barcas de transporte. La idea de “lancha escolar” hace que me ría sola recordando la “ambulancha” de las islas de Panamá. Ya más adentro de los humedales los senderos son a la vez escasos y estrechos. Hay lugares que como único medio de transporte tienen las pequeñas canoas que transitan los canales pequeños. Allí también se puede llegar como forastero, hay ferris públicos que comunican los canales amplios, con paradas y campanillas similares a los autobuses ruidosos de la ciudad, y servicio de “taxi” para navegar los pequeños conductos a este mundo surrealista.

Con mucho de similar en su paisaje a los deltas del Tigre y hasta por momentos trayéndonos recuerdos de nuestra aventura por el Yasuni en la amazonía ecuatoriana, navegamos hacia un atardecer apenas opacado por la llovizna. La frescura se agradece y nos da respiro al cuerpo luego de las altas temperaturas que venimos padeciendo desde Kochi.

La marcha se detiene en un pequeño paraje, una línea de casuchas entre el río y los campos de arroz ya cosechados. Dejamos el vaivén del barco por un rato y caminamos hacia un lado y el otro. Las comunidades que viven aquí siguen el ritmo del sol, y el día está pronto a acabarse. Los rituales se repiten en cada puerta. Toda la familia bañándose en el río (con la ropa puesta), y algunas mujeres simultáneamente aprovechan a lavar ropa o las verduras de la cena. Los más jóvenes se reúnen a pelotear con el bastón de cricket, y los niños corretean y saludan a los nuevos desconocidos que se pasean relajados.

En un informal “fish market” tomamos el segundo riesgo del día: nos dejamos tentar por enormes langostinos. El chef no nos decepciona, la cena supera ampliamente nuestras expectativas y nos hace olvidar los temores. “De algo hay que morir”, chin chin, y a disfrutar de la oscuridad de la noche en la cubierta. Luciérnagas, grillos, y algunos peces son la compañía evidente… “hay cocodrilos acá?”, me pregunto recordando algunas películas. Decido que la duda me acompañe por el resto de mis días, y cuando el cielo amenaza a nublarse por completo nos retiramos a nuestro camarote.

De más está decir que la comodidad excede a muchos hoteles en tierra firme. La vida de barco me da ganas de retomar el sueño de recorrer el mundo en velero. Después recuerdo el horror de aquel bravo mar filipino en medio de una tormenta y se me pasa.

No está en mi ADN, pero esta ocasión lo merece: pongo el despertador, quiero ver el amanecer. Tengo la ventana al alcance de la mano, así que a la hora señalada corro un poco la cortina para tratar de enumerar los tonos de rosa del cielo. La bruma comienza a levitar sobre el agua y todos, pasajeros, tripulantes, vecinos, pájaros, nos despabilamos por completo.

Luego del desayuno nos esperan unas dos horas más de regreso a nuestro punto de partida. Completamos una vuelta de apenas 24 horas, pero yo me siento una marinera que acaba de descubrir que la Tierra es redonda, y hay que seguir dándole la vuelta.

 

Info Útil para conocer los Backwaters de Kerala

 

Cómo llegar?

Allepey (en el mapa, Alappuzha) se encuentra a casi dos horas al sur de Kochi, en el estado de Kerala. Kochi tiene aeropuerto internacional que comunica también con las principales ciudades de India. Allepey tiene estación de buses interurbanos y estación de tren (Alappuzha).

Dónde Alojarse?

Elsa´s Homestay

Podés alojarte en Kochi y hacer el paseo desde allí, sumando el viaje hasta el punto de partida de los barcos. Para estar más cómo y a mano de la excursión te recomendamos Elsa´s Homestay, manejado por Tomy y su esposa, con excelente atención y calidad. Para info y reservas comunicate directamente con Elsa que es un amor: email: elsashomestay@gmail.com tel: 98460 45386, 94465 45386

 

El tour:

Sale cualquier día de la semana entre octubre y abril, con reserva previa. River and Country cuenta con siete house boats, de entre dos y tres habitaciones. El tour de día completo y una noche incluye almuerzo, cena y desayuno. Por fuera de temporada (de mayo a septiembre) las salidas son más esporádicas y sujetas a reserva y condiciones climáticas, pero los precios son más económicos. Tené en cuenta fechas especiales, como el segundo fin de semana de agosto en que se corre una famosa carrera en la laguna y suele haber ocupación completa en los alojamientos y house boats.

Más información y reservas: River & Country Tours. Alleppey. Kerala. Teléfono: +91 – 477 – 2253581 Móvil:+91-9846045386. Email:rivercountry@asianetindia.com, mail@riverandcountry.com

Dato extra:

No te olvides de tener buena provisión de protector solar, agua y repelente de mosquitos, tanto si te hospedas en Kochi como en Allepey o el barco.

Sobre El Autor

Soy Vito. De raíz riojana y treinta y pico de años. Viví también en Córdoba, Mar del Plata, Buenos Aires. Viajé por Nueva Zelanda, Cuba, Italia, Bolivia y otra veintena de países más. Pediatra de vocación y formación, y en los ratos que me hago entre el trabajo “serio” trato de aprender algo nuevo (tejer, cocinar, fotografiar, hablar otros idiomas, lo que sea). Amante del yoga (a.k.a. “profesora”), curiosa ayurvédica. Estudio y trabajo con la salud y la enfermedad, pero a mí lo único que me curó fue viajar. Una vez sentí que era hora de poner los pies en la tierra… y lo tomé demasiado literal, quizás.

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2 Respuestas

  1. Teresa Shanahan

    Muy lindo el artículo de tu viaje por barco. La India aún me resulta un lugar poco atractivo para visitar y me parece sucio. Al ver las fotos que publicas voy cambiando algunos conceptos. No sé si es caro visitarla. Me interesa su cultura. Gracias por las descripciones.

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    • Vito Sánchez Mércol

      Hola Teresa! Muchas gracias a vos por leer!
      La India ayuda a aflojar muchos preconceptos y levanta nuestro umbral de tolerancia a muchas cosas, sin dudas me parece una experiencia enriquecedora visitarla. No me parece caro, salvo el pasaje de avión por supuesto. Una vez que estás aquí los precios son bastante económicos, y algunos “lujos” son muy accesibles (como la comida buena y segura, habitaciones bien equipadas, limpias y cómodas, o una buena ubicación en el tren).
      Saludos!!

      Responder

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