En algún momento lo bautizamos como nuestro “karma viajero”. Parecería que las cosas deben costarnos un esfuerzo extra. O en realidad será que mal percibimos que a otros no les cuesta nada? Cuestión que ya venían varios intentos fallidos de llegar hasta la Sierra de los Quinteros, en La Rioja. Que es “más verde” en diciembre, que hace menos calor en invierno, que no tenemos autos, que no hay disponibilidad en La Posta…

Hasta que el año 2017 empezó y con buenas noticias: “Nos vamos a la Quebrada de los Cóndores!”, fueron las palabras mágicas de Mariano, mediante la buena gestión de la Secretaría de Turismo de La Rioja y la excelente predisposición de Juan De la Vega, “el man” a cargo del hospedaje “La Posta del Cóndor”, y desde donde sale la excursión de avistaje.

El lugar es un sueño con una historia que encadena varios siglos, desde colonizadores que establecen una merced en una quebrada fértil, plantan cruz de madera de quebracho y varios árboles traídos del otro lado del charco; más luego un rebelde general que cree y lucha por el federalismo y visita frecuentemente un rancho cerca del arroyo… Cuenta entre sus ilustres huéspedes nada menos que al Chacho Peñaloza, caudillo riojano, luchador por el federalismo nacional, emparentado por las ramas genealógicas de los acquebrada-del-condor-1tuales dueños. Tengo la certeza que en estos pagos los grados de separación entre las personas no van más allá de dos o tres… Y como para confirmarme esto, en las casi dos horas de camino de ripio desde Olta hasta la Posta en la camioneta de Juan, hablando de su historia y la del lugar, me entero que él y su familia son de Tama, como mi familia paterna… Y claro que se conocen, fue alumno de mi abuela y amigo de mi papá.

Anchas paredes de adobe, un fogón siempre ardiendo bajo el horno de barro para el pan de cada día y algún que otro cabrito, el jardín florido, las aromáticas, la huerta, el maizal, los frutales…

Luego de un merecido descanso, y un rico desayuno campero nos esperaba un delicioso trekking. Poco más de 5 kilómetros de caminata suave con algunos momentos de equilibrio entre piedras, sin escalada alguna, cerro arriba. Pasturas, hierbas aromáticas, coloridos bichos y florecillas silvestres son nuestra compañía. Arriba un cielo imponente que promete. Algunos animales sueltos pastando de los lugareños cercanos que hacen huellas confusas, por lo que es muy importante siempre ir acompañados por alguien de la zona. Y con todo esto, lo más hermoso es el silencio…

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La caminata pasa en un tiempo apenas percibido, hora y media, dos horas, nos detiene el paisaje que se presta a ser retratado, algunos descansos obligados por el calor o simplemente para apreciar el entorno sin perder rastro de la pisada.

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Y de repente se empiezan a ver a lo lejos, sobre la cima de un cerro vecino… “Deben estar comiendo algo ahí, porque son muchos y están bajando…” nos dice Miguel, uno de los guías, “hagamos silencio, ya se van a acercar”.

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A los pocos minutos parecía que estábamos en medio de una ruta de vuelo. Por allá se los veía despegar desde el cerro. Se encolumnaban como en las películas bélicas aparecen los bombarderos y en cuestión de segundos ya estaban sobre nosotros. Surfeando las corrientes invisibles del viento, sin siquiera batir las alas. Estabamos sumergidos en tal silencio, nosotros y el paisaje imponente a nuestro alrededor, que se escuchaba el zumbido de las plumas cortar el aire. Ellos planean, gastando el mínimo de energía posible. Sustentables… Soberbios en la altura del cielo y el ecosistema, gozándo de nuestro sueño antropológico: volar.

Nos avistamos mutuamente en silencio. Pasan a tan poca distancia que se los ve claramente voltear la cabeza a un lado y el otro para mirarnos en detalle. Las hembras se distinguen por tener el iris del ojo rojo brillante… los machos tienen una cresta en la cabeza. Me asombra el brillo de las plumas blancas del cuello, como una estola plateada, y el dibujo de las alas, inconfundible.

Me alegró percibir que no nos temían, los humanos estamos dejando de ser sus únicos predadores de a poco, pero falta mucho trabajo por delante. Los adultos mantenían en su mayoría una prudente altura, mientras los más jóvenes demostraban su curiosidad, como haciendo travesuras, revoloteaban dibujando “ochos” en el aire, yendo y viniendo varias veces.

Es una emocionante lección de libertad y superación. Son fieles de por vida, viven en comunidad, tienen de a una sola cría, cada 2 o 3 años. Ambos padres se encargan del cuidado del pichón, el cuello tarda un poco en “platearse”, pero si es macho ya tiene su cresta creciendo desde los primeros meses. Hacen su nido en cuevas entre las piedras de las quebradas solo para el cuidado del huevo y el pichón, los adultos descansan posados sobre las piedras.

Los acompañan en vuelo (o persiguen, o molestan) jotes, aguiluchos y halcones. Pajaritos pequeños los imitan sin éxito. Son los reyes de los Andes, y es evidente que lo saben. Estos que vemos tienen como mucho 40 o 50 años, tal la expectativa de vida que nos enseñan los guías. Pero siglos atrás se creía que los máximos Incas eran sus descendientes en la Tierra.

Hay dos cóndores en cautiverio en La Posta. Los encontraron heridos en distintos momentos y lugares, intentaron rehabilitarlos sin éxito, ya no pueden volar. Son un macho y una hembra. Se “conocieron” en su nuevo refugio y para sorpresa de todos hicieron pareja y ya van echando al cielo varios pichones. Esa es una buena noticia. En nuestro avistaje de más de 50 cóndores en el mirador, me animo a decir que más de la mitad eran pichones. Eso es una muy buena noticia.

El tiempo se nos hace infinito, sólo el picor de sol quemándonos la piel nos incomoda de a ratos. Nos hubiéramos quedado varias horas más, porque el espectáculo parece no tener fin. Cuando pasan varios minutos de cielo vacío y parece que ya “se fueron” comienza el tránsito nuevamente.

Van y vienen… como los viajeros.

Info Útil:

Cómo llegar a La Quebrada de los Cóndores?:

La Sierra de los Quinteros, donde está La Posta y el mirador de avistaje, queda a 180 km de la capital de La Rioja,entre Tama y Olta (rutas 38, 79, 29 y 30). Nosotros fuimos a Olta, hay servicio de combis y colectivos de media distancia ($140 por persona*, dos o tres horas de viaje), y desde ahí subimos junto a Juan (encargado de la Posta) por un camino de ripio bien asentado y señalizado, apto para todo tipo de vehículos. Son casi dos horas de camino desde Olta, o unos 50 minutos desde Tama. (Para llegar a Tama desde La Rioja hay menos opciones de transporte público, pero quizás sea la opción más cómoda si andan en vehículo propio).

Dónde hospedarse?:

Por ahora la única opción de alojamiento es La Posta Los Cóndores, donde se puede disfrutar de habitaciones con baño privado, climatizadas, con desayuno incluído ($400 por persona, por noche*). Allí mismo sirven servicio de almuerzo y cena, entre ellos el clásico cabrito al horno, producción local 100%.

Juan De la Vega, gran anfitrión en la Posta Los Cóndores

Actualmente no hay opciones de camping cerca, pero sí hay en Olta, así como otras opciones de hospedaje en esa ciudad.

Qué hacer?

Obviamente el avistaje de cóndores es lo más llamativo ($250 por persona*). La caminata es de intensidad leve a moderada, unas 2 horas hasta llegar al mirador donde se degusta una rica y generosa picada. La duración del avistaje se establece de acuerdo al gusto e interés de los participantes de la excursión, el único límite es el horario de luz solar para poder regresar tranquilos. También está la opción de hacer el camino a caballo. Fundamental: llevar buen calzado para caminata, protección solar y sombrero, agua y frutas. Cumplir las indicaciones de los guías y recoger nuestra propia basura 😉 .

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DESCANSAR es la otra actividad reinante del lugar. Hay muy poca señal de telefonía móvil (por ahora sólo una antena de la empresa Claro), así que es ideal para desconectarse!

Agradecemos especialmente a Diego y la Secretaría de Turismo de La Rioja por la ayuda que recibimos para cumplir con este sueño!

Sobre El Autor

Soy Vito. De raíz riojana y treinta y pico de años. Viví también en Córdoba, Mar del Plata, Buenos Aires. Viajé por Nueva Zelanda, Cuba, Italia, Bolivia y otra veintena de países más. Pediatra de vocación y formación, y en los ratos que me hago entre el trabajo “serio” trato de aprender algo nuevo (tejer, cocinar, fotografiar, hablar otros idiomas, lo que sea). Amante del yoga (a.k.a. “profesora”), curiosa ayurvédica. Estudio y trabajo con la salud y la enfermedad, pero a mí lo único que me curó fue viajar. Una vez sentí que era hora de poner los pies en la tierra… y lo tomé demasiado literal, quizás.

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2 Respuestas

  1. Walter Che Toba

    Muy lindo relato, no conocía el lugar. Es para ir a hacer dulce de fotos no? Cómo no avisaron! Volvamos 🙂 Me alegro que nos lo hayan mostrado, lo anotamos en la lista de cosas para hacer por La Rioja, estamos planeando un gran viaje por Argentina, hay mucho para ver más allá de los clásicos 5 Tops locales. Muchas veces creemos que ya viajamos mucho por el país y no hay qué conocer pero cada vez me sorprendo más con pequeñas localidades que uno no sintió nombrar. Argentina es muy grande, tal vez éso dificulta un poco conocer todos los puntos aislados de interés pero es mi sueño y objetivo unirlos. Sería bueno que la gente viaje por más tiempos a pocos lugares y los visite a fondo que no una recorrida amplia de muchas “fotos” y pocos “momentos”. Un saludo, me encantó!

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    • vitosm

      Muchas gracias!!! Sí, te hacés un dulce vos y tu súper lente avistador de aves. Estuvimos muy verdes en no agitarlos a venir… habrá que volver… o ir a cualquier otra parte, como decís, nuestro país es inagotable!!
      Abrazos!

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