No sé qué escribir de Potosí… pienso una y otra vez.

Veníamos por dos o tres días (como siempre) y ya hace como una semana que estamos acá (como casi siempre). Esta vez es involuntario. Se nos ocurrió irnos el mismo día que comenzaba el paro minero que bloqueó todas las salidas de la ciudad, dejándonos sitiados aquí. (Nota Mental: más pilas y estar atentos a las noticias del lugar…). El bloqueo funciona. No sé si el gobierno se sentirá presionado, pero yo tengo la mente en blanco…

No se me cae ni una idea, me puse a tejer y todo sale mal, saco fotos y no me gustan, agarro la lapicera y percuto varias veces el cuaderno, pero no hay ni un garabato. En realidad sí, uno chiquito del cerro…

El Cerro y su ciudad

El Cerro y su ciudad

No sé qué escribir de Potosí, le digo a Elena, la nena que viene todos los días a preguntarnos todos los precios de las cosas que vendemos. Ella se queda callada, con los ojos grandes, debe pensar que estoy loca porque estábamos hablando de las materias de segundo grado que más le gustan. No me hace caso (bien por ella) y sigue contándome de qué va su día. Todas las tardes nos sentamos a parchar con Mariana de LatiendoAmérica, Gaby, el representante local, de Santa Cruz, y algunas apariciones intermitentes de unas chilenas o unos checos (los checos también se la rebuscan, mirá vos). No vendimos casi nada, eso no colabora con la situación, estamos atrapados en Potosí y sin ganar ni uno! Todo es gastar… así no va. Y tampoco podré volver a probar suerte, porque ayer me sacó migraciones y nos amenazaron de deportación si nos vuelven a ver… Ahora que lo pienso, si me deportan me puedo ir de Potosí, ojo!

Podría escribir de que con Mariana nos conocimos cuando fuimos al Ojo del Inca, unas termas a media hora de la ciudad, en medio de un maravilloso paisaje cordillerano que ya me es muy familiar. Todo muy seco, las montañas de colores, la vegetación rala y amarillenta… En medio de todo eso un espejo de agua burbujeante bien redondo, un ojo que mira al cielo. Hay muchos mitos sobre que su centro se pierde hasta el mismo corazón del planeta y que más de uno se sumergió y nunca volvió a salir… “Con cuidado y solo en la orilla”, nos habían advertido. “No, no pasa nada”, nos intenta tranquilizar don Félix, el cuidador, que quizás tiene miedo que nos vayamos o que se corra la bola del peligro y no vaya gente, y no pueda cobrar los 10 pesos de entrada…

Impresionante paisaje de las termas

Impresionante paisaje de las termas

Ahí pasamos un día tranquilo y relajado (sin ahogarnos!) en compañía de Pablo y Marian, y también los chicos de HiluXAmérica estaban en la ronda… faltaba un fogón, que ya tipo cinco de la tarde se hacía desear.

Entre viajeros

Entre viajeros

El frío cae sin piedad, también podría escribir sobre eso. Porque odio el frío, y desde que entramos en el altiplano no hago más que confirmarlo. Los días que estuvimos entre Cochabamba y La Ruta del Che fueron un suspiro para la piel que necesitaba volver a sentir sol del que calienta, no sólo el que quema. Potosí está bien alto, casi 4100 smnm y uno se siente muy cerca del sol y las estrellas todas. Las noches son heladas, pero hermosas. La sopa, el chocolate y el té, casi obligados.

No sé qué escribir de Potosí, le digo a Luz, la amable y simpática Luz. Ella trabaja en el hostal, nos prepara el desayuno, nos da el buenosdías siempre con una broma, nos pone la radio para que estemos al tanto de las noticias. Nos dice “Quédense a vivir en Potosí!”.

Es linda ciudad, no se lo voy a negar...

Es linda ciudad, no se lo voy a negar…

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Esta es la primera ciudad que nos regala un buen servicio de internet. Podemos conectarnos con fluidez, volver a comunicarnos con la familia, subir fotos, compartir cosas (nuevas y viejas) con todos… y yo no sé qué escribir de Potosí!

Podría contar un poco más de toda la gente súper interesante que conocimos aquí. Sergio por ejemplo, con ese nombre de dónde puede ser?! Es un auténtico holando-argentino! De unos envidiables y sedientos 19 años, lo fogueamos para crear en él un pichón de viajero tremendo. Vamos a ver como le va… se fue a intentar llegar a La Higuera! O los chicos argentinos que se la juegan y se están probando en el Nacional de Potosí, el equipo de fútbol más importante de la cuidad y que va a participar de la Copa Sudamericana este año… jugar al fútbol a esta altura, no cualquiera! Y el francés… este me mató, un fotógrafo aficionado tremendo que nos hizo descubrir lugares inéditos de la ciudad. Veo sus fotos y no sé como puedo pensar en montar una exposición con mi material… pero sí, lo sigo pensando ;).

Qué puedo escribir de Potosí…? Que no fuimos a hacer lo que todos vienen a hacer, el tour a las minas. Que esa idea no me gustó nunca, menos estando acá y viendo las reglas del juego. Que ni siquiera me gustó del todo subir al cerro y ver a los trabajadores saliendo de su jornada laboral, y ver el barrio que rodea las minas (sé que hay otros barrios…), ni ver el cartel del Puesto de Salud del cerro que tiene un dibujo (casi caricaturesco) de un minero malherido siendo evacuado de un túnel (otros puestos de salud tienen como imagen un bebé siendo vacunado o un abuelito al que le toman la presión… me siento ingenua).

Subiendo al Cerro Rico

Subiendo al Cerro Rico

Tampoco fuimos a la Casa de la Moneda. No me abucheen, la entrada se nos cae del presupuesto en este momento y más con la indefinida extensión de nuestra estadía.

Entonces puedo escribir que elegimos conocer la ciudad y su gente en la calle. Porque su historia, la que “Las Venas Abiertas… “ tan claramente analiza, está en la calle. En los mercados superpoblados, en la coca omnipresente y necesaria, en las veredas estrechísimas que legalizan el caminar por la calle en pleno centro, y porqué no, en la protesta del mineros… Y todo lo que hay en la calle (aparte de mucha gente). Los bizcochitos esos que nunca pregunté si tienen nombre, que son como unos buñuelos fritos con almíbar, los sánguches de lechón asado, el jugo de quinua con leche y manzana calentito cuando empieza a bajar el sol, el pan francés (pan francés!) que genera que todos los almuerzos sean sánguche de algo. Las cholas que nos saludan y charlan curiosas en la calle. Las iglesias que visitamos aprovechando que están abiertas y no cobran entrada en las horas de misa, y hasta que nos metimos en un casamiento para seguir ampliando mi colección de fotos de novias por el mundo.

Medio colados

Medio colados

Qué quieren que les diga, la verdad que no sé qué escribir de Potosí…

Sobre El Autor

Soy Vito. De raíz riojana y treinta y pico de años. Viví también en Córdoba, Mar del Plata, Buenos Aires. Viajé por Nueva Zelanda, Cuba, Italia, Bolivia y otra veintena de países más. Pediatra de vocación y formación, y en los ratos que me hago entre el trabajo “serio” trato de aprender algo nuevo (tejer, cocinar, fotografiar, hablar otros idiomas, lo que sea). Amante del yoga (a.k.a. “profesora”), curiosa ayurvédica. Estudio y trabajo con la salud y la enfermedad, pero a mí lo único que me curó fue viajar. Una vez sentí que era hora de poner los pies en la tierra… y lo tomé demasiado literal, quizás.

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4 Respuestas

  1. Dolores Sanchez Mercol

    muy auténtico el relato, me gustó! Las montañas parecidas a “mis montañas” y el campanario de la iglesia parecido a La Merced. Es lo que yo puedo decir de potosí después de lo que me contás! 😉
    Siempre buen momento de seguir conociendo gente, disfrutando las bondades de las ciudades lindas y gentiles, y no tan feliz con los bloqueos y quilombos, es el paisaje social, indicio de que te vas acercando!!

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  2. qmlmblogdeviajes

    Mmmm Más leo de Potosí, y más creo que lo vamos a saltear del itinerario :S

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    • Vito

      Noooo!!! NO es para nada la intención del post! Justamente creo que hay que ir para conocerla y vivir tu propia sensación. Creo que es una de las ciudades más importantes y tuvo un peso crucial en la Historia mundial. Aparte, las termas del Ojo del Inca son impresionantes 😉

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