Fue intenso y extraño. Después de tanto tiempo recorriendo apenas una parte de la bellísima Colombia finalmente llegamos a Cali, la cuna de la salsa, la sucursal del cielo. Allí nos recibió Marta, una mujer admirable y muy inteligente, junto a sus hijos. Ellos habían sido huéspedes en el hostal de Salento donde trabajé. La saga de conexiones continúa sin fin en esta loca experiencia de viajar por Sudamérica.

Habíamos estado mucho tiempo en Restrepo, un pueblo muy pequeño en las montañas del Valle del Cauca, y antes de eso en ciudades pequeñas o más pueblos acojedores, por lo que volver a la vorágine de una ciudad tan importante como Cali nos desconcertaba un poco. Si bien tiene una movida cultural muy interesante lo que más disfrutamos fue la vida en familia y esa cosita que llevan en la sangre, ese ritmo cotidiano, que les da la Salsa que se escapa de cualquier ventana en los barrios trabajadores, en los bares y hasta los puestos callejeros. Es el lugar ideal para rumbear de lo lindo, pero nosotros nos limitamos a disfrutar de ese sabor en la rutina de las calles

Las salidas en familia fueron elegidas por unanimidad: el Río Pance es el plan ideal para pasar el día, los domingos las familias y los adolescentes caleños se vuelcan en multitud hacia la quebrada del río a disfrutar del sol, el agua y un buen picnic.

El km 18 en cambio es plan de noche. En familia, con amigos o en pareja, hay que subir para tener una vista única de la ciudad. La temperatura aquí baja, con lo que conseguimos un ansiado alivio al calor por momentos agobiante de Cali. Y también por esto las especialidades a degustar en los bares y restoranes de la zona son el chocolate caliente, el café, y mi favorita colombiana: agua panela con queso…

Al cabo de algunos días, con mucho pesar tuvimos que dejar a nuestra familia en Cali. Una de las primeras preguntas al saber de nuestro viaje es si no extrañamos a la familia… salvando las distancias, para que nadie se ponga celoso, en qué momento podemos extrañar si encontramos una familia nueva a cada paso?

En familia

En familia

El tiempo se agotaba, debíamos acercarnos a la frontera y antes queríamos hacer un par de paradas.

La primera fue Popayán, la ciudad blanca. Una bellísima ciudad que conserva un centro histórico colonial maravilloso. Para mejorar nuestra experiencia fuimos recibidos por la maravillosa familia Tello, a través de Julio a quién contactamos por Couchsurfing. Con él conocimos parte de la historia de la ciudad, paseando por el centro y la pirámide escondida en el cerro…

Aquí también tuvimos la grata sorpresa de compartir la casa de los Tello con unos viajeros cordobeses, Ine, Facu y su perro, Chico, a bordo de la LatinoameriKangoo. Grandes amigos al cabo de unos pocos días. Ya que estábamos motorizados nos fuimos todos juntos a las Termas de Coconuco. Al cabo de unos cuantos chapuzones azufrados quedamos relajadísimos y con varios años menos en la piel 😀 .

Relax en las Termas de Coconuco

Relax en las Termas de Coconuco

En este punto del recorrido colombiano debimos dejar de lado nuestras ganas de conocer San Agustín (no hagan lo mismo que nosotros…) ya que comenzaba un paro general que mantuvo cerradas las vías del sur del país durante más de 20 días, el tiempo exacto que nos quedaba de permiso para estar en el territorio. Así que nos despedimos de Amparo, Julio y su cálida familia y fuimos hacia las cercanías de la frontera, donde nos esperaba otro gran hito que deseábamos conocer desde que habíamos hecho la primerísima investigación sobre qué visitar en Colombia.

Después de un viaje maratónico de casi 14 horas a dedo, en distintas postas, llegamos tarde en la noche a Ipiales, la última ciudad. Ya desde Popayán la cosa venía cambiando, pero aquí ya era oficial: salíamos del país salsero y llegábamos a territorios andinos, por paisaje, clima, gente, comidas y costumbres. La fisionomía de todo lo que nos rodeaba cambió y las primeras conversaciones en quechua llegaban a nuestros oídos.

El Santuario de Las Lajas es practicamente una obra de arte. Cuenta la historia que la Virgen del Rosario se le apareció en este preciso lugar a una pequeña indiecita sordomuda quien le exclamó a su madre, “Mamita, la mestiza me llama!”, y hasta dicen que la niña resucitó luego de morir poco tiempo después del hecho.

Imponentes obras de la naturaleza y el hombre

Imponentes obras de la naturaleza y el hombre

Plantada en un cañón, impacta por su contexto tanto como por su belleza y detalle. Se la considera tan milagrosa que por casi un kilómetro previo a la entrada distintas placas dan testimonio de la fe y agradecimiento de la gente que se hizo camino hasta este rincón desde distintos lugares del mundo para cumplir una promesa.

Colombia tuvo este impactante final para nuestro diario de viaje, pero la amistad y cariño que entablamos con su gente hace que parte de nuestro corazón siga allí. Uno de esos lugares a los que uno sabe que, más tarde o más temprano, va a regresar.

Datos útiles:

Cali:

  • Sin dudas el evento principal de la ciudad es el Mundial de Salsa y si se puede acomodar el calendario podrían disfrutarlo en los primeros días de agosto de 2014 ;).

Popayán:

  • El mejor momento para visitar esta preciosa ciudad es en Semana Santa. Los tradicionales pasos y desfiles se iniciaron casi con la misma fundación de la ciudad, hace más de 450 años. Los protagonistas principales son los niños que inician los desfiles el Domingo de Ramos y para los que se preparan durante todo el año.Termas de Coconuco: están a 35 km de la ciudad de Popayán, se llega luego de casi una hora por la carretera hacia San Agustín. Entrada 5000 COP por persona (2.5 USD aprox)

 Ipiales:

  • El principal atractivo de esta ciudad es conocer el Santuario de las Lajas. Desde el centro de la ciudad se encuentran taxis (2000 COP por persona) o combis/van (1000 COP por persona) que llegan hasta el sendero de ingreso. La entrada a la iglesia y todo el predio es libre y gratuita, salvo el museo que  tiene un costo de 2000 COP. La fiesta tradicional en adoración a la Virgen del Rosario se realiza a mediados de septiembre cada año.

 

 

Sobre El Autor

Soy Vito. De raíz riojana y treinta y pico de años. Viví también en Córdoba, Mar del Plata, Buenos Aires. Viajé por Nueva Zelanda, Cuba, Italia, Bolivia y otra veintena de países más. Pediatra de vocación y formación, y en los ratos que me hago entre el trabajo “serio” trato de aprender algo nuevo (tejer, cocinar, fotografiar, hablar otros idiomas, lo que sea). Amante del yoga (a.k.a. “profesora”), curiosa ayurvédica. Estudio y trabajo con la salud y la enfermedad, pero a mí lo único que me curó fue viajar. Una vez sentí que era hora de poner los pies en la tierra… y lo tomé demasiado literal, quizás.

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