Salento – Vilcabamba, tan lejos, tan cerca

Ya sumo varios lugares del tipo “Ay me quiero quedar acá” (recordemos casos como Boquete o Jardín…) o será que ya son cada vez más frecuentes las ganas de parar y quedarme? No sé, lo sigo meditando a solas, y acompañada. Pero ahora tocaba hablar de un lugar, mientras estoy en otro y durante toda la semana me han surgido comparaciones y sensaciones similares.

Salento es un pueblito del Quindío, la pequeña y poderosa provincia cafetera colombiana. Vilcabamba es otro pueblito, pero está en el sur Ecuatoriano y goza de su fama de tierra próspera para una vida longeva.
Los salentinos se regodean de su fama y nos dicen/amenazan, “de Salento se va lento”, y tuvieron razón, nos quedamos un mes y medio en total. Primero entre los amigables pobladores de la Aldea del Artesano y más luego en la cómoda Casona, el hostal de Fernando, con quien pudimos trabajar en la recepción de sus hospedajes y gozar, entre muchas otras cosas, de la amistad y compañía de Lily, Marce, Luz y el mismo Fernando, entre los muchos huéspedes con quienes compartimos tiempo y espacio.
Aldea del Artesano

Aldea del Artesano

nuestros primeros "masmelos" con Lily

nuestros primeros “masmelos” con Lily

El pueblo tiene una esquizofrénica vida, entre la semana apacible y tranquila, hecha para que algunas tiendas permanezcan cerradas y la gente se convoque en los billares y regrese a casa temprano, y los fines de semana, cuando se viste de fiesta para recibir las oleadas turísticas de todos los puntos cardinales a saciar sedes de cultura, naturaleza y artesanía.
Los jeeps salen bien cargados por la mañana muy temprano rumbo a la principal atracción, el Valle del Cocora, hogar del árbol nacional, la palma de cera, de la decena de especies de colibríes y antesala al Parque Nacional de los Nevados, ya que en última instancia los senderos pueden llevarnos a las alturas glaciares del Tolima.
Palmas de cera en el Valle del Cocora

Palmas de cera en el Valle del Cocora

uno de los tantos colibríes

uno de los tantos colibríes

El Quindío es el corazón cafetero del país. En el mismo Salento se puede conocer a fondo y paso a paso el proceso que va desde el suelo, la planta, hasta la taza del tintico.
un par de tinticos orgánicos

un par de tinticos orgánicos

Pero se puede ir un poco más profundo, camino adentro y visitar lugares tan o más cafeteros y menos turísticos. Tal lujo tuvimos junto a Lily que nos consiguió un puesto de privilegio en el tour que nos llevó como fotógrafos oficiales por los poblados de Buenavista (qué nombre tan bien puesto…),
Buenavista, o no?

Buenavista, o no?

Pijao, nuestro favorito y donde probamos el mejor café colombiano preparado en una máquina centenaria “Industria Argentina”,
Café "Industria Argentina" en PIjao

Café “Industria Argentina” en PIjao

y Córdoba, donde la guadua es el oro de muebles y obras de arte.
Escultura en Guagua de la Iglesia de Buga, en Córdoba

Escultura en Guadua de la Iglesia de Buga, en Córdoba

Salento tiene otra vecina muy atractiva, que llama desde el otro lado de la ruta, sobre la montaña de enfrente: Filandia, “hija de los Andes”, como nos explicó Jonás, el cura que nos llevó desde Pereira en su auto 0km. Nos tocó conocerla en ocasiones especiales, de fiestas patrias, por lo que nos regalaron un desfile alegórico a los acontecimientos históricos en torno a la Independencia del país en el que participaba toda la familia.
Padre de Familia

Padre de Familia

Vilcabamba, ya casi abandonando Ecuador, es más tranquilo… no, es igual… no, es más turístico… no, no es más turístico: no hay supermercado ni se puede pagar con tarjeta de crédito! En fin, es tan hermoso y tranquilo, que nos recuerda mucho a Salento. Pero hay mil metros menos de altura y se siente en su clima. Hace calor, con lo que refrescarse en el río es una opción muy placentera para pasar las tardes… o a la salida del colegio, como todos los adolescentes al mediodía.
Hay montañas por todos lados y en todos los tonos de verde. El río Yambala va partiendo el cañón que nos regala colores surreales al atardecer, y tiene propiedades mágicas. Dicen que es el magnesio… yo digo que es el silencio.
Vilcabamba = Valle del árbol sagrado

Vilcabamba = Valle del árbol sagrado

Un mínimo paseo obligado es treparse a la montaña a encontrar la esquiva Cascada, sin nombre, que se escucha pero no se ve, a la que se llega por un sin fin de propiedades privadas y que nos espera para un chapuzón helado en premio a la larga caminata bajo el sol.
La encontramos, la cascada!

La encontramos, la cascada!

Aquí también podemos llegar a un Parque Nacional, el Podocarpus. En realidad el pueblo ya está metido en él, y con cualquier caminata se siente la diversidad en los cantos de las aves. Ojo que también hay café! Y cítricos, y tomates, y todo tipo de cultivos, porque la gente trabaja sus tierras, y los gringos que vinieron a poblar también.
Buscan el secreto de la eterna juventud?
Hay un instituto de investigaciones gerontológicas, porque llama la atención la cantidad de gente que sobrepasa el centenar de años. “Dónde están los viejos?”. Como en cualquier lugar, deben estar dentro de sus casas, algunos pocos ven pasar las horas en la vereda, en la ventana.
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La calidad de vida no está celosamente guardada en una cueva de la montaña, ni bajo las piedras del río. Está en la claridad del cielo, en los colores y sabores de las frutas y verduras naturales y no químicas, en el silencio que permite escuchar el canto de los gallos, el correr del agua entre las rocas, el crujir del piso bajo mis pies mientras camino.
Así les cuento de Salento y Vilcabamba, distantes pero similares en la sensación que me generan, la sonrisa que me dibujan en la cara y las decenas de “buenos días/buenas tardes” anónimos que me regalan.
zzz...

zzz…

Agradecimiento muy muy especial a Diego, Sabri y mi mami, que nos visitaron en Salento, nos mimaron, nos trajeron alfajores, yerba, salamín, fernet… en fin, nos mimaron mucho!
Diego y Mariano, como dos niños

Diego y Mariano, como dos niños

Les puedo recomendar
En Salento: hospedarse en Hostal Colibríes, junto a la mínima terminal de buses, o La Casona, a una cuadra de la plaza principal.
Visitar el Valle del Cocora, saliendo en algunos de los jeeps desde la plaza (6, 7 y 9.30 por la mañana, a 3000 pesos por persona) y realizar el sendero de 5 horas que pasea por entre las palmas de cera, la reserva de colibríes y el bosque.
Comer trucha! (10 mil pesos colombianos en un restorán o 3000 comprada en alguna tienda y cocinarla).
Comprar algo lindo de recuerdo a los artesanos del lugar 😀 .
Visitar alguna finca cafetera para conocer el proceso completo de producción y elaboración y fabricar su propio café (y comprar un paquete de café orgánico 😉 ).
Si tienen un poco más de tiempo para recorrer la zona, visitar Pijao y Filandia.
En Vilcabamba: hospedarse en Hostal Taranza y disfrutar de su hermoso jardín y piscina 😀 .
Visitar el Parque Nacional Podocarpus y buscar entre la montaña la Cascada, buscarla mucho! Y encontrarla!
Comer frutas frescas y deliciosas, probar los helados de coco de enfrente al terminal y sentarse con los pies en el río en un momento y a ver el atardecer desde cualquier lugar en otro.
En cualquier lado: sonreír a todos los que se cruzan en tu camino y decir “Buenos días/tardes/noches”.

Un comentario en “Salento – Vilcabamba, tan lejos, tan cerca

  1. Que bonito Salento!! una belleza esos paisajes… y el café, impecable!!! todavía tengo de hace un par de años! guarden café para la posteridad!! saludos viajeros!

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