De costa a costa en Costa Rica

Después de nuestro ingreso triunfal al país tico por Puerto Viejo y su hermoso ambiente viajero, pasamos sólo unas horas por San José para acompañar a Mauro y Lucas a alquilar un auto. El viaje en bus fue una inversión para ligar el aventón con ellos y un claro caso de fraude en nuestro recientemente iniciado viaje a dedo.

El viaje que comenzamos juntos sobre ruedas duró casi unas 3 horas cruzando 5 peajes en los primeros 120 minutos. Cuando finalmente empezamos a divisar el Pacífico, el sol se acercaba al horizonte por lo que decidimos hacer una parada de emergencia para ver el atardecer. El lugar fue Jacó, la playa negra.

Atardecer en la Playa Negra

Atardecer en la Playa Negra

Quepos llegó a nosotros, pero no nos convenció, no veíamos ningún lugar donde acampar y estacionar el auto. Seguimos unos kilómetros más rumbo a Manuel Antonio y encontramos un hostal baratito para nosotros y un buen parking para los chicos. Compartimos unas cervezas y la playa de noche y reclutamos a Inés, una platense que los chicos conocían de su paso por San Blas y presentaba los signos de quemazón de cabeza suficientes como para ser admitida en el equipo y sumarse a la expedición.

Fuimos a conocer el Parque Nacional al día siguiente. Hay que gatillar 10 dólares para ingresar a este pequeño pero muy bonito lugar. Hay varios senderos pero algunos estaban cerrados por cuestiones climáticas.

De lo que quedaba para ver recorrimos varias playas conectadas por caminos boscosos donde viven plantas, árboles, árboles e insectos varios. Los mapaches tratan de robar la comida de los visitantes, muy sigilosos, dando sentido al antifaz de rateros que la naturaleza les dió. Los monos capuchinos no parecen estar tan contentos con nuetsra presencia. En manada organizada acechan y si pueden, atacan al que se muestre más vulnerable. Los reptiles buscan un rincón tranquilo para tomar sol y temperatura. Peces de colores, cangrejos de colores, caracoles de colores. La reserva natural es fabulosa!

Mapaches rapiñando un picnic

Mapaches rapiñando un picnic

Monos bravos

Monos bravos

Se puede ingresar con alimentos y así pasar todo el día en las playas con un ambiente sin igual… y de paso amortizar un poco el precio de la entrada!

Amigos en la arena

Amigos en la arena

El resto fue volver al hostal a bañarnos, recoger las cosas y seguir viaje. El destino no estaba claro, los chicos querían ir a las playas de la Península de Nicoya. Nosotros dimos por suspendida la temporada de mar y arena hasta próximo aviso y elegimos ir hacia la ruta de los volcanes, en la cordillera central del país.

Los caminos se separaban en Punta Arenas donde casi de casualidad encontramos las inolvidables hamburguesas “especiales” de Clarita, una soda del camino. A partir de esa noche la calidad de una hamburguesa se mide en “Claritas”.

Después de mucho preguntar, ver cerrada la puerta del cuartel de bomberos y rechazar la oferta de pagar 30 dólares en las posadas del lugar, terminamos pasando la noche en la playa. A la mañana llegó el duro momento del desayuno de despedida de ese dúo de hijos adoptivos que nos dió el camino… Las largas sesiones de “Hablemos sin Saber” son fuertemente extrañadas, muchachos!! Nos vemos en algún lado! Para nosotros era momento de volver a las montañas…

Nuestros niños y la nave!

Nuestros niños y la nave!

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