El plan era recorrer la Gran Sabana. Ir hacia el km 0 de la ruta 10 que baja hasta la frontera con Brasil, y a la vera de la cual hay un sinfin de campings, cascadas y senderos para disfrutar de la belleza natural de la región.

Cuando Rafa y Andrea se nos acercaron en el terminal de Puerto Ordaz nos hicieron la simple pregunta, “Quieren ir a Roraima?”. Nuestros ojos decían “Sí”, pero el bolsillo decía “No”. El planteo que nos hicieron fue muy simple. El guía pemón que los acompañaba cobraba por día y ya estaba pago, si eran dos o diez daba igual. Así que arreglamos darles los pocos bolos que pensábamos gastar en esos días y nos unimos a la travesía inesperada!

Roraima es un tepuy. Un tepuy es una formación rocosa prehistórica, dicen, la más antigua del planeta y la que jamás estuvo sumergida bajo el agua. Tienen miles de metros de altura, se alzan sobre la planicie verde de la Gran Sabana venezolana, y sus cimas difieren en ecosistema. No hay dos iguales. Entre las más conocidas hoy están el Auyantepuy desde donde cae la cascada más alta del mundo, el Salto Angel, y Roraima, que marca en su cima la triple frontera entre Venezuela, Brasil y la Guyana. El Salto Angel es practicamente inalcanzable por tierra, hay que volar en avioneta o embarcarse durante varios días, con lo que su costo es altísimo y prohibitivo para este par de mochileros. A Roraima se llega caminando. La duración del trekking es de al menos 7 días. Nuestros auspiciantes, Rafa y Andrea debían estar de regreso en Caracas para el brindis de Navidad, por lo que sólo contábamos con 5 días para finiquitar la operación. Y para hacer eso hay que estar en un muy buen estado físico. Rafa es técnico de fútbol, Andrea profesora de yoga, dos atletas de primera línea al lado nuestro, sedentarios de oficio!

En buses separados llegamos por la madrugada a San Francisco de Yuruani, hogar de la comunidad pemona Kumaracapai. Nos bajamos en el retén de control, y esperamos el amanecer junto al milico de guardia, recibiendo por televisión la noticia de que Bianchi volvía a Boca! Cuando la claridad fue absoluta, salimos en busca de Jeremías, el pemón que nos guiaría en la aventura. Es conocido en el pueblo como “Rap Pemón” gracias a su habilidad de fusionar la tradicional lengua pemona de los aborígenes de la zona con… el hip hop (!). El equipo estaba desayunado y listo para comenzar el desafío…

De camino a Paraitepuy

De camino a Paraitepuy

El día 1 empezó con un viajecito en 4×4 hasta el Paraitepuy, la entrada a Roraima, un guardaparques lleva un registro con nombre, nacionalidad, y tiempo de visita de cada peregrino. El acompañamiento de un guía es en teoría obligatorio, pero también vimos grupos particulares. El guía asegura el cupo de la gente, ya que solamente se permite la circulación de 50 personas. Si llegás sin haber reservado tu grupo, esperás a ver cuánta gente regresa ese día para que te dejen subir… Todo muy flexible, como se imaginarán… Hay una balanza para pesar el equipaje, ya que los porteadores que se pueden contratar sólo llevan hasta 15 kilos. Nosotros no contratamos porteadores, nos hicimos cargo de los casi 10 kg que tenían nuestras mochilas entre ropa, comida, agua, y carpa.

Nuestra carpa y el Tepuy (Gracias Chevy!)

Nuestra carpa y el Tepuy (Gracias Chevy!)

Fueron 4 horas las que demoramos caminando los primeros 12 km hasta el campamento a orillas del Río Tek. El camino fue muy tranquilo, solo inquietante por el sol y el calor, pero sin mayores desafíos, por la extensa sabana que brinda paisajes inéditos para nuestros ojos. Nos bañamos en el río gracias a que los chicos habían comprado un jabón multi uso biodegradable (el único que se puede usar en el lugar!). Nuestra comida de ese y los días siguientes venía en forma de latas que abríamos y mezclábamos. Alguna que otra sopa cuando la cosa se puso más fresca, pero no mucho más. Los tours más organizados tienen hasta cocineros que preparan tentadoras comidas. Algo que abundaba entre los pemones y que nos convidaban era el kesabe, una especie de galleta gigante o pan de yuca que nos venía muy bien para variar nuestra dieta. Ellos lo comen con una salsa muy muy picante, atentti!

Después de ese tímido inicio, cuando creíamos que todo era posible llegó el segundo día, el de La Muerte. Mis notas de esas horas hablan de quiebre mental y físico. Literalmente me destruí. Esta vez nos tomó 6 hs avanzar 11 kilómetros, el terreno empezó a mostrar subidas que bajo el sol implacable y sin una sombra a la vista, fue lo más duro que nos tocó atravesar. Si se dispone de tiempo y provisiones adecuadas, lo aconsejable es dividir este día en dos, y demorar la llegada un poco más. El destino final es el Campamento Base. Como su nombre lo hace suponer, está a los mismísimos pies del gran Tepuy. Un grupo de dos chicos acompañados de un gran guía pemón no sólo llegó hasta ahí junto a nosotros, sino que luego de un breve descanso siguieron adelante hasta la cima. Admirables… Yo en cambio estaba más cerca del arrepentimiento total y de volverme sobre mis pasos, que de seguir adelante. El cansancio era total. Me dolía todo, estaba insolada, deshidratada. Mi mente sólo me recordaba los estadíos de la rabdomiolisis y sus mortales consecuencias. Me arrepentí de cada uno de los días de sedentarismo de los últimos 6 meses y de haber dejado atrás las épocas de trekkings en Nueva Zelanda. La tarde pasó lenta, meditando seriamente sobre si seguir adelante al día siguiente o regresar. De frente estaban Roraima y Kukenan imponentes y desafiantes. Como para tratar de relajarnos, nos distrajimos con Jeremías que nos llevó hacia una piedra, ya caída la noche, para contarnos la leyenda del Tepuy:

Estaba en esta zona el Árbol de la Vida y de Todos los Frutos, Ma´napé era un poderoso héroe que cada tanto comía de los frutos caídos del Árbol. Hasta que un día pensó que si bajaban todos los frutos de la copa tendrían abundancia de alimentos. Sus hermanos Akuli y Anzikilán intentaron detenerlo de este propósito, ya que tal agresión presagiaba grandes inundaciones y desastres pero el enceguecido Ma´napé no hizo caso y derribó al Árbol. Sus ramas frondosas cayeron hacia el norte, formando la hoy selvática zona de la Guyana, sus frutos quedaron esparcidos, algunas ramas dieron orígenes a las montañas del lugar y su fuerte tronco quedó casi en pie y hoy es Roraima. De las consecuencias que tuvieron las discusiones entre estos hermanos está la fuerte creencia que los gritos enojan a los cielos y provocan fuertes lluvias, por lo que nadie debe alzar la voz aquí ni en la cima, nos lo advirtieron los pemones muy seriamente, y nosotros obedecimos en consecuencia…

Amanece sobre Kukenan

Amanece sobre Kukenan

Su vecino Kukenan tiene una fama y leyendas más lúgubres. Tan así que uno de sus nombres, Malawi – Tepuy, significa “el que sube, muere” razón por la cual muchos pemones no se animan a subirlo. En los días que estuvimos junto a Jeremías y los pemones escuchamos infinidad de historias de seres sobrenaturales y venganzas mortales de la naturaleza. Y también tuve la suerte de tener una muestra exclusiva de arte pemón en este fragmento de retrato…

Mi ojo...

Mi ojo…

Después de meditar y pedirle permiso a Roraima para ascender, muy temprano en la madrugada me sacudí el temor que me inundaba de no poder llegar hasta la cima y emprendimos la recta final. Mejor dicho la Rampa final. El último día de ascenso es el más difícil, es llegar desde el Campamento Base hasta la cima, sin opción de detenerse en el medio. Son solamente 2 km pero puede llevar entre 3 y 6 horas completarlo. La Rampa es la única vía de acceso, desde la base se ve como una línea que serpentea subiendo la ladera del tepuy. Nuestra suerte quiso que lloviera durante la noche anterior, lo que agrega una dificultad extra, “El Paso de las Lágrimas” se forma por una caída de agua desde la cima luego de cada precipitación fuerte. Su nombre no es una exageración.

Glup! El Paso de las Lágrimas...

Glup! El Paso de las Lágrimas…

... hay que subirlo por ahi!

… hay que subirlo por ahi!

Hay que subir por este paso que naturalmente forma y deforma todos los días la caída del agua, en un suelo de inestables rocas acostumbradas al movimiento del agua, y en esta oportunidad con agua cayendo sobre nosotros en todas direcciones. Antes de empezar este tramo nos detuvimos a intentar contemplar el paisaje, observar cómo empezaban a subir los que estaban antes que nosotros, como bajaban empapados los que venían de regreso. Jeremías nuestro guía Rap-Pemón nos dijo “hay que tener mucho cuidado donde pisar, no nos separemos y sólo pisen donde yo piso”, acto seguido subió corriendo y desapareció de nuestra vista! No lo volvimos a ver hasta casi llegar a la cima. Con los kg de las mochilas a cuestas, la ropa de lluvia, el salto de agua golpeándonos la espalda (porque subíamos casi en cuatro patas) e intentando no resbalar con las movedizas rocas bajo nuestros pies, de alguna manera subimos. En el medio Mariano intentó que lo disfrutara, me dijo “tomáte un segundo y mirá para arriba, es hermoso!”. Sí, era hermoso, agua cayendo más de 200 mtrs sobre nuestra cara, casi en la cima de los 2800 metros del Tepuy rey de la Gran Sabana, habiendo superado tres días de caminata y escalada tremendos. Estaba ahí y no podía creer que estaba ahí.

Después de superar el Paso de las Lágrimas llegó el momento de recorrer la cima, apurados por las pocas horas de luz restantes, en busca de un lugar para acampar. Le llaman Hoteles a las cuevas que forman las rocas del Tepuy donde acomodar las carpas al reparo del viento y la lluvia, que seguía acompañándonos. Demoramos en encontrar un lugar vacío, había ya mucha gente. Estábamos en la víspera del 21 de diciembre de 2012, el día del Fin del Mundo según algunas dudosas profecías. Mucha gente había planeado estar allí ese día, e incluso quedarse hasta pasada la Navidad.

El terreno que encontramos para colocar nuestra carpa era sospechoso. Una especie de arena en una cueva, que al pisarla un poco fuerte hacía ruído a hueco… con miedo de caer en medio de la noche a las profundidas de la tierra, viendo y considerando que no había otro lugar libre, allí nos instalamos.

Paisajes locos...

Paisajes locos…

Luego de un breve descanso y almuerzo, partimos a un paseo por la cima. Es definitivamente lo más interesante para hacer, y por eso lo que recomiendo es hacer toda esta aventura con mucho tiempo, aunque esto demande llevar mucho peso en comida. La superficie del Tepuy es inmensa. Hay muchas cosas por recorrer, y el clima obliga a suspender y retomar actividades todo el tiempo. Nosotros salimos en medio de una intensa neblina, con lloviznas caprichosas, pero era nuestra única oportunidad de recorrerlo ya que debíamos emprender el regreso al día siguiente. Con mucho frío y sin descanso. Caminamos esquivando charcos para no mojarnos más de lo que ya estábamos y seguir enfriando nuestros cuerpitos, llegamos al Jacuzzi, unas piletas naturales en fosos rocosos llenas de agua de lluvia. Estaba helado afuera, más helado adentro, con poca ropa seca y de abrigo, me abstuve del chapuzón, pero la heroica Andrea no. En el regreso a nuestro hotel nos cayó la noche y volvimos a tientas con la poca luz de nuestras pequeñas linternas. Cenamos y nos acostamos temprano, aunque nunca dormimos.

Andrea al agua!

Andrea al agua!

Estábamos a casi 3000 metros, entre nubes y lloviznas, el frío fue intenso y de tener un termómetro estaría en negativo seguro. Teníamos toda nuestra ropa puesta, superpuesta, nos movíamos para mantener el cuerpo con algo de temperatura.

Sólo queríamos que esa noche pasara lo más rápido posible, aunque necesitábamos el descanso más que nunca, ya que al día siguiente debíamos regresar casi todo el camino.

Entre movimientos y temblores, en algún momento empezó a aclarar. Seguía nubladísimo, y muy frío. No teníamos chances de ir a conocer ningún otro punto de la cima del Tepuy. Los miradores estaban con la vista blanca, y el Punto Triple de las fronteras es muy alejado, demanda casi 12 hs de caminata. Tuvimos que contentarnos con lo poco que habíamos visto y duplicar el esfuerzo para regresar. La bajada con el equipaje a cuestas no iba a ser sencilla. No había abandonado la superficie de la cima cuando tuve la primer caída y desde allí creo que mi rodilla derecha no es la misma. Por suerte no hubo más encuentros con el suelo, pero si varias amenazas!

Bajar el Paso de las Lágrimas fue complicado, aunque esta vez corríamos con la suerte de tenerlo casi seco. No había metros de agua cayendo en nuestros hombros y eso ayudó a concentrarnos mejor y pisar más seguros. Pasamos de largo el Campamento Base, nuestro destino de ese día era el Primer Campamento, en el Río Tek. Demandaba todo un día a buen ritmo. A medida que avanzábamos tratábamos de recordar los obstáculos de la subida y anticiparnos. Celebrábamos cada bajada como si fuera un regalo de cumpleaños. Nos deteníamos en cada arroyo a mojarnos y recargar las botellas de agua. Los porteadores nos sobrepasaban varias veces en un día, dejando nuestras quejas mudas.

Llegar casi de noche al Río Tek viniendo desde Roraima tiene el detalle de que hay que cruzar dos ríos, haciendo equilibrio entre piedras resbalosas o metiendo directamente buena parte de las piernas. Pero para esa altura ya poco importaba mojarnos las medias.

La cena fue una más de las tantas combinaciones de latas posibles, compartiendo charlas de fútbol de los hombrecitos de los distintos grupos, así fue que conocimos otros viajeros que venían en toures y por los que habían pagado unos 12000 bolívares por persona… Fuimos realmente muy afortunados de encontrar la posibilidad de ir casi gratis!

Energia del yoga para regresar

Energia del yoga para regresar

El último día fue movido por la ansiedad de terminar con esta aventura tortuosa. Recorrimos esos 12 km que marcaron el inicio días atrás casi sin detenernos. Hubo alguna que otra caída en terreno casi llano, que sólo demostraba el agotamiento de los músculos que nos llevaba a la imprecisión en los más simples pasos. En pocas palabras no dábamos más! Llegamos al Paraitepuy con el último suspiro y empezando los calambres. No tuvimos mucho tiempo de relajarnos, el supuesto transporte a San Francisco no estaba esperándonos como creíamos. Tuvimos que buscar la forma de negociar con cada transportista para poder volver al pueblo. Empezaban pidiéndonos 500 bolos a cada uno por el viaje… y terminamos pagando 150 para los dos.

En el puesto de control policial nos informaron que podíamos conseguir lugar en algún bus que viniera de Brasil para regresar a Puerto Ordaz o incluso hacer dedo. Usamos el baño para limpiarnos un poco y en pocos minutos ya estábamos arriba de un bus que hacía la ruta Manaos – Caracas.

Chau Gran Sabana!

Chau Gran Sabana!

Nos despedimos de la Gran Sabana con las impresionantes imágenes que pasaban en la ventanilla, entre lluvias y soles, viendo los interminables paisajes y atractivos que están al alcance de la mano sobre la ruta 10. No podíamos creer lo que habíamos logrado en esos últimos días. La figurita difícil del mochilero, la joyita del trekking. Cada fibra de los músculos nos servía de prueba de que había sido real, pero no lo podíamos creer. Algunos días después leí en la calco de un auto la frase:

“El dolor es pasajero, el orgullo será eterno”

Y punto.

DICCIONARIO PEMÓN – ESPAÑOL:

RORAIMA: Madre de las Aguas

KUKENAN: Agua Sucia

ETEK TUNAWA: Río Tek

WAKUPEMÁN: GRACIAS!

 

Sobre El Autor

Soy Vito. De raíz riojana y treinta y pico de años. Viví también en Córdoba, Mar del Plata, Buenos Aires. Viajé por Nueva Zelanda, Cuba, Italia, Bolivia y otra veintena de países más. Pediatra de vocación y formación, y en los ratos que me hago entre el trabajo “serio” trato de aprender algo nuevo (tejer, cocinar, fotografiar, hablar otros idiomas, lo que sea). Amante del yoga (a.k.a. “profesora”), curiosa ayurvédica. Estudio y trabajo con la salud y la enfermedad, pero a mí lo único que me curó fue viajar. Una vez sentí que era hora de poner los pies en la tierra… y lo tomé demasiado literal, quizás.

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8 Respuestas

  1. Adalberto Macondo

    ¡Qué aventura y el paisaje es hermoso! Pienso que me transmitiste todo el esfuerzo del trekking hasta la cima jaja imagino el temblor en las piernas.
    Saludos.

    Responder
    • Vito

      Sí, tal cual, al finalizar las piernas nos temblaban como dos hojitas!
      Fue muy duro, pero valió la pena el esfuerzo!
      Saludos!!

      Responder
  2. MOCHILEANDO POR EL MUNDO

    Que buena aventura chicos!!! Y que aguante…yo tengo agujetas solo al leer la palabra trekking 😉
    Como estais? Que bueno que seguis viajando!!! Ojalá nos veamos pronto por algun lugar! 🙂 un abrazote desde Bcn

    Responder
    • Vito

      Gracias por seguirnos siempre! Con suerte seguiremos girando para cuando larguen el Mochileo por Sudamérica ;), los esperamos!!!
      Besos

      Responder
  3. soymochilero

    Wow, que magnifica experiencia, bastante inspiradora y créeme que voy apuntar a Roraima entre mis lugares obligados por visitar. Me encantan esas aventuras audaces, luchadas… las cosas fáciles aburren, y un reto como Roraima debe de ser un alimento increíble, para el alma y el coraje personal!
    Muy de-acuerdo con la frase que leíste…

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  4. emilysima

    Concursando por el premio a la pregunta más rara que te han hecho en el blog:
    ¿qué cámara usas? me encantan tus fotos.
    ( ¿gané? )

    Responder
    • Vito

      Hola! Gracias por escribir y por el halago. Mi cámara es una Canon T3, común, lente 18-55 del kit. No da por ahora algo más pro… Y no, no ganaste, ya me lo preguntaron x facebook, jaja. Seguí participando!!
      Saludos!!

      Responder

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