Como para un Stendhal II, llegamos a Granada. Uno más de esos lugares de “TENÉS QUE IR AHI!”. Ya buscando alojamiento fui arrimando el bochín a algunos detalles que me gustaban… Me gustan las ciudades que tienen “ciudad vieja”, sé que ahí voy a estar a gusto y voy a regocijar la vista y disparar a mansalva con la cámara!

También había leído algo así como “las temperaturas de Granada ameritan un aire acondicionado”, y así fue. De la mano del calorón quién puede haber llegado?? El siestón! Hay mil cosas hermosas para ver y hacer, pero casi todos los días dormí la siesta. Es un hábito delicioso para los que nos criamos con él. Y realmente el calor es intenso, y no se puede disfrutar mucho bajo el sol. La ciudad tiene muy poco espacio verde que dé sombra o respiro. Se desparrama por los cerros con subidas desafiantes, hay algunos bebederos en la calle, pero no dan abasto, así que después de un almuerzo fresco por qué no reposar un rato en la cama? Con calorón y todo, yo me resfrié, lo que hizo que en más de una ocasión prefiriera quedarme tranquila y quieta.

La bella Granada tiene una vedette: la Alhambra, “qa´lat al-Hamra´” significa Castillo Rojizo, porque así se ven desde fuera de sus muros. Se alza sobre una colina a la vera del Río Darro, desde el siglo IX que se enlazan palacios, torres, templos, para vivienda, refugio y vida cotidiana de los monarcas, de los nazaríes hasta los católicos que conocemos de clases de “Historia Oficial”. Es un lugar impresionante, inmenso, inabarcable. Con cuatro horas no pudimos verlo todo, habíamos elegido ir a la tarde para ver el atardecer, y para ese momento llegamos cansados, sin batería en la cámara de fotos y seguidos muy de cerca por el guardia que estaba cerrando el complejo. Pero cada minuto allí valió la pena. Me resulta indescriptible, así que dejo que algunas imágenes hablen por mi…

Impresionante, hasta en los más mínimos detalles

Patios de La Alhambra

El Albaizín era nuestro barrio. Donde se instalaron los moros y donde empezamos a palpitar tibiamente la cultura árabe de una manera cómoda, armoniosa y occidentalizada. Pequeñas callejuelas en las que casi no caben vehículos motorizados. Se camina en pendiente y observando con fascinación las primeras tiendas vestidas con tejidos de colores y motivos arábigos. Las pizarras de los bares ofrecen té con crepés y la gente se sienta a disfrutar los narguiles que perfuman el ambiente. Los hombres se reúnen en las puertas de sus comercios en actitud conspirativa y el idioma árabe se va mezclando con el español. Por la noche, la oscuridad se mezcla con el amarillento ténue de los faroles pintando adoquines y paredes con una mística propia. Teníamos una mezquita justo al lado del hostel. La minoría musulmana de la población hace  que el llamado al rezo sea  más artesanal: desde una ventana de la torre un hombre agrava la voz con el cántico y otros dejan su quehacer apurando el paso hacia la celosa puerta.

Mercaditos y tiendas

Yendo hacia el Sacromonte el paisaje cambia ligeramente. Las calles aunque estrechas son más transitadas. El paso de un vehículo es un espectáculo que me exime de juzgar a la oriental que lo filma en su celular: pasan al raz de la pared y muchos osados estacionan sus autos dejando aún menos espacio.

Callejuelas en la noche

En el camino nos topamos con El Mirador de San Nicolás, que atrae a la multitud cada atardecer para ver la Alhambra cambiar de color, reinando el paisaje con la ciudad admirándola respetuosamente.

Algunas placetas más se animan con la música de los bares que las rodean. Mi favorita es una de bajo perfil, claro, se llama “Plaza Larga” con el toque siempre lineal de los españoles para nombrar las cosas, es rectangular y por ello más larga que ancha.

Las paredes cubiertas de un blanco uniforme, con enrejados y ventanas de colores vivos, jardines floridos, tejados escalonados. El paisaje nos lleva hacia arriba, el lugar y su espíritu gitano nos envuelve: llegamos al Sacromonte, el corazón mismo de la cultura andaluza. El palpitar flamenco nos llama desde cada uno de sus múltiples ventrículos, las zambras flamencas. Desde las cuevas de la montaña se nos aparecen fachadas con pinturas, retratos, artesanías, que nos dan a entender que allí podemos probar un bocado de su cultura. Tuvimos la suerte de estar en una de las fechas del Festival de las Cuevas y en un reducto muy especial, el Museo Cuevas del Sacromonte, que funciona como museo etnográfico y escuela de canto y baile. Un artista nos deleitó con un canto dedicado a su hijo y es la presentación del joven, Sergio, El Colorao, que lo sigue en el escenario junto a su grupo y su admirable baila´or, “El Indio”. El espectáculo superó ampliamente mis expectativas  y dejó encantado a Mariano, que con esto tachaba mentalmente una más de las cosas que buscaba con este viaje.

Flamenco en vivo en el Sacromonte

Caminando por la vera del Darro, la noche granadina nos dió más de una sorpresa. Un grupo de jipis tocando música y vendiendo sus artesanías. Luego supimos que en algún rincón de la montaña, en las tantas cuevas que hay, habitan los jipis cual duendes. Encontramos una porteña “exiliada” y enamorada de Granada, artista plástica y estudiando aún, vendiendo cuadernos y anotadores junto a un británico que fabrica saxos de bambú (!). Todo me recuerda a mi Córdoba, la Docta. El espíritu juvenil, estudiantil, se respira en todos lados. Y el Darro se me confunde con la Cañada por momentos. Para darle fuerza a esta bipolaridad, veo del otro lado de un puente “El Ojo Bizarro”!

La porteña nos recomienda que no dejemos de ir al Barrio Judío. Ahí la movida impresiona más local. Era un fin de semana y se parecía a la calle Rondeau o San Lorenzo, bares codo a codo llenos de jóvenes con mesas llenas de cerveza. Ahhh, nada mejor que ser estudiante!

Desde que me fui de Córdoba que me encanta volver a ella de vez en cuando, porque es como volver a esa vida, mis amigos, mis lugares, mi familia. Si viviera en España me gustaría que fuera en Granada (perdón Barcelona!), entonces el Albaizín o el Barrio Judío serían Nueva Córdoba; las zambras serían las peñas del Comedor Universitario; el Darro la Cañada; la Universidad… la Universidad! Y la Alhambra…?

Vista desde La Alhambra

Datos Útiles

ALOJAMIENTO: Hostal Oasis Backpackers, muy bueno. 15€ para dormitorio con desayuno incluído, cocina, wi fi, cerveza de bienvenida, y varias actividades gratis organizadas allí.

TRANSPORTE: se puede recorrer la mayor parte caminando. Si están cansados, subir al Sacromonte en autobus (tipo combi, porque más grande no cabe!) sale 1.4€. El autobus urbano para ir y volver de la terminal 1,2€.

ENTRETENICIENCIA: entrada a La Alhambra, 13€. Hay que sacarla mínimo con un día de anticipación ya que se reserva un horario de visita a los palacios principales. Llevar ropa cómoda y clara, agua y mucha capacidad en la memoria de la cámara con la batería bien cargada ;). Espectáculos de Flamenco, para todos los presupuestos, desde 12€ los más económicos.

COMIDA: cerca de la Catedral hay un mercado donde se pueden comprar a buen precio frutas, verduras, carnes, y hasta comidas hechas, personalmente recomiendo el gazpacho y el salmorrejo mmmmmm!

Sobre El Autor

Soy Vito. De raíz riojana y treinta y pico de años. Viví también en Córdoba, Mar del Plata, Buenos Aires. Viajé por Nueva Zelanda, Cuba, Italia, Bolivia y otra veintena de países más. Pediatra de vocación y formación, y en los ratos que me hago entre el trabajo “serio” trato de aprender algo nuevo (tejer, cocinar, fotografiar, hablar otros idiomas, lo que sea). Amante del yoga (a.k.a. “profesora”), curiosa ayurvédica. Estudio y trabajo con la salud y la enfermedad, pero a mí lo único que me curó fue viajar. Una vez sentí que era hora de poner los pies en la tierra… y lo tomé demasiado literal, quizás.

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7 Respuestas

  1. Isabel Mércol

    Como yo tengo demasiadas ” memorias” poéticas, incorporo como comentario sobre Granada, el siguiente:

    ALHAMBRA
    Grata la voz del agua
    a quien abrumaron negras arenas,
    grato a la mano cóncava
    el mármol circular de la columna,
    gratos los finos laberintos del agua
    entre los limoneros,
    grata la música del zéjel,
    grato el amor y grata la plegaria
    dirigida a un Dios que está solo,
    grato el jazmín.
    Vano el alfanje
    ante las largas lanzas de los muchos,
    vano ser el mejor.
    Grato sentir o presentir, rey doliente,
    que tus dulzuras son adioses,
    que te será negada la llave,
    que la cruz del infiel borrará la luna,
    que la tarde que miras es la última.

    Jorge Luis Borges

    “El poema de Borges está fechado en Granada en 1976, diez años exactos antes de su muerte. Probablemente, intuía, al salir de la Alhambra con melancolía y desgana, con cansancio de hombre viejo y ciego al que la celebridad le acumula viajes agotadores, presencias de desconocidos, horas de abatimiento en habitaciones de hotel, que ya no volvería nunca a ese palacio tan claro en la memoria, tan hecho de niebla y de voces en el regreso”.

    Se parece a lo que yo sentí… y está mejor dicho ( además, los versos están es escritos en la murallas exteriores… y emocionante para un argentino llegar allí y encontrarse con Borges…)

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  2. donnamllv

    Espero poder visitar Granada, recuerdo cuando conocí a un chico de allá en el aeropuerto y me dijo que era preciosa y por las fotos se nota que no mentía *-*

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  3. Alicia García

    Ya veo que te encantó la Alhambra, pero también está bien la Catedral, la´capilla real donde están enterrados los Reyes Catolicos y los baños árabes. Granada tiene muchos rincones.

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    • Vito

      Sí, es verdad. Por tiempo y presupuesto no pudimos disfrutar todas esas cosas, nos centramos en la Alhambra y el flamenco del Sacromonte ;).
      Granada es uno de lo pocos lugares del mundo a los que me iría a vivir, me pareció hermosa!

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