“Querido diario: No sé cómo llegué a este lugar: Escocia. No sé si alguna vez voy a estar tan cerca de un Circulo Polar… Y no es cerca, pero lo siento al alcance de la mano! Técnicamente estoy en verano y tengo más frío que en el otoño neocelandés, la puesta de sol se estira hasta las diez de la noche, los seres que habitan son muy blancos, de ese blanco verdoso que a veces veía en las playas asiáticas hablando un inglés de las películas de época, hay colorados, hombres de barba y pollera, hasta vi un gordito de barba blanca tomando una Coca Cola, el Polo Norte esta muy cerca!” (extracto de mi diario de viajes imaginario, porque no escribo un diario)

La bandera de Escocia en cielo escocés: estoy en Escocia!

Creo que una condición que encontré en mí y siento que me define para siempre como viajera es que no hay lugar en la Tierra al que no quisiera ir al menos para ver cómo es. Hay destinos soñados, claro, pero no un sitio al que diga “no me gastaría en ir ahí”. Pero sinceramente cuando me dije hace más de un año atrás que iba a dar la vuelta al mundo, iba más por entre los trópicos la cosa. Odio el frío, no me va, y menos para salir y recorrer un lugar. Pero hasta aquí llegué. Y feliz, porque es hermoso! Y para Mariano era un sueño, una de las primeras cosas que me dijo cuando hablábamos de viajes, soñaba con conocer Escocia. Esta etapa de la vida la dedicamos a cumplir algunos sueños…

La idea de ir a Edimburgo decayó cuando vimos cómo se inflaron los precios de alojamiento estos días por un festival de teatro independiente. El problema es que ya habíamos sacado los pasajes, así que a algún lado teníamos que ir a parar, y la solución muy práctica y acertada fue Stirling. Un pueblo a una hora en bus de Edimburgo. Encontramos un hostal baratito y a pasitos de la estación bus, cosa que no es una gran coincidencia: todo está a pasitos. Así que después de almorzar, nuestros pasitos empezaron a recorrer la historia escocesa en el sendero del camino al Monumento a William Walace, el héroe nacional que tal vez recuerden de películas como Corazón Valiente (si la vieron, cosa que yo no hice… aún).

El paseo es una delicia, salvo por el viento que te encuentra en los claros. Hay que pasar el Puente Viejo, y luego encontrar el sendero en medio de barrios residenciales, que sube el monte hasta encontrarse de lleno con el monumento digno de su homenajeado, rudo e imponente.

El Monumento a Wallace

El recorrido obligado sigue por el Old Town, su cárcel y cementerio centenarios, y el Castillo. Las callecitas, la tranquilidad de la gente, el turismo en una medida muy aguantable, todo invita al disfrute del paseo.

El Castillo de Stirling fue el principal del reinado hasta la unión al Reino Británico. Cuna de grandes héroes nacionales, sitio de coronación de los reyes y reinas, y testigo de las principales batallas: primero en el Puente de Stirling donde Wallace venció al ejército británico que los multiplicaba en número, y luego la Batalla de Bannockburn cuando Robert de Bruce comandó la masacre del ejército inglés que ante la derrota terminó con miles de bajas y huyendo al galope hasta la costa. Ya saber de un pueblo que derrotó a modo de batacazo al imperio bélico inglés más de una vez, seamos sinceros, a uno lo pone de buen humor… Pero hoy están en el mismo bando, y las Joyas de su Corona pasaron a ser pieza de museo.

Luego de recorrer el hermoso pueblo de Stirling, retomamos la idea de conocer Edimburgo. Pero seguía estando fuera de nuestro alcance el hospedaje allí, así que nos instalamos en Glasgow y desde ahí íbamos durante el día a la capital (menos de una hora en bus), que estaba inundada de artistas callejeros por el Festival Fringe. El color y ánimo que ésto le dio a la ciudad hizo que nos gustara aún más. Una ciudad enorme, con un parque costanero a la vera del río, verde como el verde que uno espera en Escocia, el Castillo a lo alto de la colina, y otra colina enfrente para apreciar la ciudad al anochecer. Disfrutamos unos días privilegiados de sol, música en las plazas, y haciendo nuestros ya clásicos picnics en el césped (lo único que la economía UK nos permite).

El Castillo de Edimburgo en lo alto de su colina

El paseo por este Castillo nos dejó mucho que desear en comparación con el de Stirling. El gancho más importante que tiene es la exposición de las Joyas de la Corona, y esa es una historia muy interesante que se recrea en uno de los salones. Campesinos escondiendo la valiosa corona, su cetro y espada en las invasiones de los enemigos durante años, en su gran humildad y devoción las devuelven aunque no tengan para comer; o más recientemente cuando fueron llevadas a lo más profundo de una de las torres durante la II Guerra Mundial para protejerlas de potenciales usurpadores. Esto y todo lo que rodea a la devoción y fanatismo de los pueblos por sus monarquías me parece algo simplemente incomprensible!

Por aquí escondieron las Joyas en la II Guerra

Teníamos ganas de un castillo más, y aparte nos habíamos despojado de varias libras por un pase turístico que nos daba entrada a miles de atracciones en rincones impensado del país. Así que nos decidimos por el Castillo Tantallón, que tenía una foto preciosa en un acantilado… Para llegar a él primero había que llegar a North Berwick, a una hora y media en bus desde Edimburgo. Pero cuando llegamos, el último bondi al Castillo ya se había ido. Indignados y con frío, nos quedamos a pasear por el pueblito que se pasa de pintoresco y… ventoso! Confirmé mi admiración a la vida de la gaviota, y mi desagrado por las bajas temperaturas en especial cuando se combina con viento. Encontramos para almorzar algo que se parecía a empanadas (necesitábamos calor) y luego fue casi una aventura encontrar un café abierto a las 5 de la tarde, antes de tomar el tren de regreso.

Padre e hija remontando un barrilete… porque había mucho viento!

Fue mi punto más nórdico en el viaje. El más sorpresivo, no estaba para nada en los planes, y salvo por el frío (no estoy preparada desde el punto de vista de la indumentaria para las bajas temperaturas), uno de los lugares que más disfrutamos.

El estacionamiento de barquitos de North Berwick (también llamado “muelle”)

La economía sufrió. Si ya el euro nos parece terrible, la libra es implacable! La herida en los bolsillos no curará sin consecuencias, así que muy pronto tendremos que abrir las líneas de un Sol para los Chicos (aunque tenemos +30, todos nuestros conocidos seguro hablan de nosotros como “los chicos” 😛 ), si alguien tiene el contacto de Julián Weich pasenlo por línea privada. Desde ya muchas gracias!

Sobre El Autor

Soy Vito. De raíz riojana y treinta y pico de años. Viví también en Córdoba, Mar del Plata, Buenos Aires. Viajé por Nueva Zelanda, Cuba, Italia, Bolivia y otra veintena de países más. Pediatra de vocación y formación, y en los ratos que me hago entre el trabajo “serio” trato de aprender algo nuevo (tejer, cocinar, fotografiar, hablar otros idiomas, lo que sea). Amante del yoga (a.k.a. “profesora”), curiosa ayurvédica. Estudio y trabajo con la salud y la enfermedad, pero a mí lo único que me curó fue viajar. Una vez sentí que era hora de poner los pies en la tierra… y lo tomé demasiado literal, quizás.

Artículos Relacionados

3 Respuestas

  1. Franco Daniel

    Vito al leerte no puedo dejar de aplicarte las palabras con las que el Che inauguraba su “diario de motociclieta”, rezaban mas o menos al algo así: el vagar sin rumbo por nuestra mayúscula América (en tu caso sería El MUNDO ENTERO!) me ha transformado de modo que yo ya no soy yo, o al menos no soy el mismo yo interior…. Te mando un abrazo y junto a Wallace grito: FREEDOMMMM!!! jajaja

    Responder
  2. sobrepelis

    Vito al leerte no puedo dejar de aplicarte las palabras con las que el Che inauguraba su “diario de motociclieta”, rezaban mas o menos al algo así: el vagar sin rumbo por nuestra mayúscula América (en tu caso sería El MUNDO ENTERO!) me ha transformado de modo que yo ya no soy yo, o al menos no soy el mismo yo interior…. Te mando un abrazo y junto a Wallace grito: FREEDOMMMM!!! jajaja

    Responder
  3. Isabel

    No sé qué pasó en este tramo de nuestro ADN… ya que yo no veo las horas de llegar a Ushuaia para encontrarme con el frío… pero no me encontraré con castillos. Pero me queda la deuda de ir un poquitito más al norte: Finlandia quizá?? Allá vamos y Ud. quédese en ojotas… Ah! Y sobre Wallace… no sé nada Tampoco ví la película…

    Responder

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.

A %d blogueros les gusta esto: