Hace más de un mes que ando por Europa… hace mucho que no escribo ni publico nada… Esto lo empecé mil veces, con distintos estados de ánimo, con distintos objetivos, en la compu, en un cuaderno, en la cabeza… Hoy me obligo a sacarlo a la luz.

Europa es muy distinto a lo que venía viendo y viviendo. Un poco más “chato” y menos sorpresivo tal vez. También cambiaron las condiciones de viaje. Desde el día que llegué que estoy acompañada, o por mi vieja, o por mi novio o por ambos. Eso también modificó la rutina, los tiempos, y la relación con el cyber espacio.

De repente no hay tiempo para nada. Suena a quejarse de llena, pero es así, no hay tiempo para nada, y para sorpresa de mis amigas más de una vez estuve “amargada en Europa”.

Fue inevitable caer en el común de querer ver todo en el poco tiempo que se está en este Viejo Continente. Sí, dije poco tiempo y antes dije que hace mas de un mes que estoy en Europa, también dije que me iba a quejar de llena! Todo tiempo es poco. Me pareció poco tiempo tres meses en Asia. Siempre es poco tiempo. Entonces el “viaje” se transformó en vacaciones, y comprendí a la gente que se estresa con las vacaciones. Fue como ver una revista, un día un museo en una ciudad, otro día un monumento imperial en otra (de otro país). Y así, el vértigo de saber que a pocos kilómetros está ese país que siempre soñaste conocer o siempre te intrigó, o la ciudad de esa película, de aquella historia, de aquella banda que te gusta… Querés ver todo! Y también querés contar todo, vamos a ver como me sale… Desde ya que nos podemos olvidar del orden cronológico de mis visitas, esto va a ser conocido en la posteridad de mi obra (??) como “Cuentos Cortos Europeos”.

Mi pollera que vuela y yo en Toledo, España

Con la economía primermundista, aunque se diga en crisis, volvieron algunos hábitos de Nueva Zelanda: cálculos mentales (con mueca de “uyyy”), compras en el supermercado, sanguchitos en plazas y espacios públicos varios, cocinas de hostels, etc. Así y todo a veces es mas barato que comer en Argentina, pero las bondades asiáticas quedaron definitivamente atrás 🙁 .

Mis primeros pasos en la Beatle-manía, Abbey Road, Londres

El estudio exhausitivo del transporte, que se llevó preciosas horas y desvelos en los últimos meses, quedó cerrado con una conclusión contundente: la única forma no-cara de viajar por Europa es en autobus. Hay muchos vuelos Low-cost (= baratos), pero esconden trampas engañosas y/o te dejan mas cerca de otra ciudad que del destino mismo. Hay que llevar poco equipaje, y anticiparse en el tiempo con alguna oferta. El tren de última generación para todos los que tuvimos el placer y desafío de conocer alguna vez los servicios del Sarmiento, es muy veloz, muy caro y casi cómodo. Y los autobuses son una dolorosa solución al presupuesto. Hay mil y una combinaciones, se puede unir destinos impensables y por eso tienen miiiles y miles de paradas en el camino, pueden tardar muchísimo en recorrer 100 km, son muy baratos y muy incómodos. Pero se puede dar la buenaventura de que tenga wi fi y/o enchufes, que para el viajero de hoy en día es como darle un vino de colección!

Feliz junto al Mediterráneo

Frío polar en North Berwick, Escocia

Dicho esto se podrá comprender como muy pronto leerán de días de playa, golpes de calor en ruinas centenarias, momentos emocionantes y románticos, frío polar, mucho arte e historia… y todo eso sucedió en tan sólo unas semanas!

Europa romántica, en cualquier momento y lugar 😀

 

N. de la A.: como verán en las fotos aparezco yo, y le agradezco a mi fotógrafo personal y amor por las sonrisas y las instantáneas 😉

Sobre El Autor

Soy Vito. De raíz riojana y treinta y pico de años. Viví también en Córdoba, Mar del Plata, Buenos Aires. Viajé por Nueva Zelanda, Cuba, Italia, Bolivia y otra veintena de países más. Pediatra de vocación y formación, y en los ratos que me hago entre el trabajo “serio” trato de aprender algo nuevo (tejer, cocinar, fotografiar, hablar otros idiomas, lo que sea). Amante del yoga (a.k.a. “profesora”), curiosa ayurvédica. Estudio y trabajo con la salud y la enfermedad, pero a mí lo único que me curó fue viajar. Una vez sentí que era hora de poner los pies en la tierra… y lo tomé demasiado literal, quizás.

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