Camboya lados A: Las olas y el viento

Ya empezaba a necesitar algo de playa y sol. Como venía el clima la verdad no sabía que esperar, pero igual me tomé una combi de Kampot a Sihanouk Ville. Resultó ser casi un transporte privado ya que éramos sólo una alemana y yo, hasta que a mitad de camino sube un lugareño que nos sorprendería con su voyeurismo.
Yo estaba tratando de dormir cuando escucho un “click”… Sí, el señor me había tomado una foto con su celular. Le pareció bastante gracioso, me la mostró, sonreí amable y pensando en las fotos que yo trato de tomarle a la gente, con la ligera diferencia de que pido permiso para esos primeros planos que roban el alma. Pero el tipo quería hacerse una colección y empezó a dispararnos a quemarropa. Cuando se dio cuenta que nos estaba molestando la situación (quizás porque yo me cubría la cara con la mano cuando me apuntaba?) recurrió al viejo truco de hacer de cuenta que filmaba el camino y cuando se fue acercando a mi, de nuevo, “click”. En mi molestia sólo me salió decirle “cortala!!” que resultó ser universal y bien entendido.
Luego de dos horas de viaje, la combi nos dejó en la zona de Serendipity Beach y así comencé a entender la idiosincrasia de cada una de las playas de la ciudad. Siguiendo a la alemana, caí de nuevo en aquello de quedarme en el primer lugar que vemos; es que era tan barato… Pero lo barato sale caro, o simplemente se paga con horas de desvelo y un dolor de cabeza madre al otro día. Utopía, pasó de ser lo que persigo a ser de lo que huí despavorida. Es barato, casi cómodo, pero insoportable. Llevo con orgullo mi vejez al decir que es un lugar de pendejos (físicos y/o mentales) que sólo van recorriendo lugares para emborracharse y drogarse con lo que esté en oferta.
A la mañana siguiente la drogada parecía yo, no había podido dormir casi nada, por la música primero y luego por mis bulliciosos compañeros de dormitorio.

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Así quise huir del hostel Utopía…

Tomé mis cositas y le pedí a un lugareño me lleve lejos de ahí. La solución a todos mis males estaba en Ottres Beach. Alejado y casi aislado de la ciudad, perfecto. Mi nuevo hogar, Moonlight Rocks, incomparable en calidad y por el mismo precio, 2 USD (3 noches por 5 USD!). Los dueños son un danés, un inglés y una sueca, muy copados los tres. El barman transitorio, también británico, y ese día había sólo dos huéspedes más, un australiano muy viajado, y limado,  y Yani, una chilena muy buena onda con quién seguiría en viaje luego. Después también se sumó una escocesa. Un lindo grupo de gente con quién compartí las tardes de playa y algunas noches de bares.

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Mi almuerzo playero favorito: calamares al paso.

El aislamiento de Ottres hace que los precios de la comida sean un poco mayores que en el pueblo, así que mi rutina fue ir hacia el pueblo durante la mañana, comer en alguno de los mercados o restoranes de la playa, después acercarse a Otchental Beach a hacer la fiaca playera y comer los mejores panqueques con chocolate, y hacia el atardecer volver al hogar. Buenísimas caminatas 🙂 .

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No vayan a pensar q lo hice yo…

En este viaje tuve la suerte de conocer las playas paradisiacas de Fiji, y luego las islas Perhentian en Malasia, que tienen en común la tranquilidad del agua cristalina. Podía estar a un metro del mar y no escuchar nada. Aquí, en Camboya, me volví a encontrar con olas y tener que pelear con el mar para meterme a nadar un poco.

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Dos monjes budistas caminan por la playa y uno le dice al otro…

El último día me adentré un poco más en la ciudad, fui a conocer el mercado, vital para estos pueblos que se nutre y trabajan con productos frescos cada día. Como buena ciudad costera aquí se discutan los manjares del mar. Pero evidentemente el crecimiento de la ciudad es muy rápido y la red de energía eléctrica no da abasto. Por esto todos los días hay por lo menos dos cortes de luz de varias horas en distintas regiones de la ciudad. La energía se termina repartiendo por sectores durante el día, pero no es un sumistro parcial programado, en que momento vendrá el corte es una sorpresa para todos, incluso los dueños de tiendas. La conservación de la cadena de frío de los alimentos queda en un plano de sospechas, pero los restoranes, especialmente los más pequeños son muy confiables. Siempre se abastecen en el día del mercado y los platos son con productos frescos. Al no tener freezer, si uno quiere pescado, es probable que le digan que no hay (:-() o que el cocinero salga a la callejuela a ver si alguno de los vendedores ambulantes está cerca!
De la mano de la energía eléctrica caprichosa vienen los ruidosos generadores (en todos los alojamientos y muchos bares), y una pobrísima calidad de Internet (por lo que todos estos relatos les están llegando con delay 😉 ).

El clima siguió siendo como la época lo indica, lluvioso, pero por suerte las lluvias caían por la noche y la mañana temprano, con lo que podíamos disfrutar del sol durante el día. La actualización del bronceado fue óptima!
Me despedí de la playa, de Camboya, para acercarme al final de mi aventura asiática…

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Chau playaaa!! Te voy a extrañar!

3 comentarios en “Camboya lados A: Las olas y el viento

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