A ver, señora, señor, autoridades, alumnos y público en general, qué saben de Camboya? La respuesta puede ser “nada” y nadie tiene que espantarse, yo no sabía mucho más que “hay que ir a Angkor Wat”. Con el tiempo, gran maestro, me enteré que esto queda en Siem Reap, una ciudad de Camboya; también me enteré que se filmó la película “Tomb Rider” (no-la). A medida que me fui acercando geográficamente supe que podía tomarme varios días recorrerlo (tan grande será?), que “había” que ver el amanecer allí, que se puede recorrer en bici (me va gustando!), que en realidad no es uno, sin varios templos (ah, por eso será tan grande?), que en ellos se turnaron hinduistas y budistas (hoy turistas?). Creo que con lo que tenemos ya podemos empezar, no?
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Efectivamente de todas las opciones para ir creo que en bicicleta es lo mejor. Obvio que dependhe de cada uno esto, pero a mi gusta combinar algo de “desafío” físico, si cabe la expresión, con el descubrimiento de un nuevo lugar. Y aquí empiezan los paralelismos con mi “descubrimiento” de Machupicchu, si bien aquel fue un desafío físico mayor. Si no te pinta la bici, hay tours en colectivos, y hasta se puede contratar una moto o un tuk tuk por el día para que te lleve. El complejo es verdaderamente enorme, se divide oficialmente en dos circuitos, el “corto” de 18 km y el “largo” de 27 km, y tenemos casi 400 km cuadrados entre bosques y templos por delante (sí, era grande no más!). El extenuante calor hacen casi imposible ver no todo sino mucho en un sólo día. Por esto (quizás) la organización pone a disposición tres tipos de entradas: un día (desde el atardecer de hoy hasta el de mañana) a 20 USD, tres días (vigentes por una semana) a 40 USD, o siete días a 60 USD.
Cuenta la historia que entre los siglos IX y XV el imperio Khmer todo lo gobernaba en el sudeste asiático. Y se eligió lo que hoy se conoce como Angkor como su primer capital. Y allí se levantó Angkor Wat honrado a Shiva y Vishnu. Es hoy el lugar clásico para observar tanto el amanecer como el atardecer, ya que es el templo más cercano a la ciudad de Siem Reap. Podríamos decir que aquí comienza la magia de este recorrido…
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Tras la primera muralla aparece un enorme estanque que nos ofrece una pasarela para ir acercándonos a la entrada, tras la cual emerge enorme e imponente la cúpula principal. Las pagodas en general se disponen siempre igual, una grande central y cuatro más pequeñas en sus extremos. Todo geométrico, cuadrados inmensos, y cada pagoda a su vez tiene sus cuatro aberturas orientadas a cada punto cardinal.
En las galerías todavía podemos descubrir escritos en sánscrito, dibujos de escenas épicas de caballeros montados en elefantes luchando por el honor de alguna dama, y las apsaras, esas locas lindas que abundan en todo tamaño y relieve posando o bailando, con el torso desnudo, que contrasta con la obligación de vestir hasta ocultar hombros y rodillas para poder acceder a la pagoda central.
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Aquí uno se puede demorar tranquilamente dos horas, tomándose el tiempo para recorrer cada rincón que guarda siempre un detalle preciso. A los fines informativos cabe decir que la visita a la cúpula central se puede realizar desde las 7.40 am hasta las 5 pm, y guardando códigos de vestimenta (curioso es que hace tres meses prohibieron que las mujeres nos cubramos con un pareo, tiene que ser “ropa” cubriendo hombros y rodillas).
Unos dos km más hacia el norte y desde el siglo XII, está el complejo Angkor Tom, que en total es el más grande, si consideramos la muralla que lo rodea. Esta fue la última capital del imperio. Los emperadores iban mudando capitales y construyendo estos templos a su capricho. Encierra una decena de templos, entre los que destaca por su situación central y su particular diseño, Bayon, las caras sonrientes y esta vez el Buda fue el destinatario de tamaña veneración. A su alrededor hay una decena de pequeños templos, y se luce la Terraza de los Elefantes.
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Mi primer día siguió y terminó hacia el extremo norte del complejo, visitando el templo Prah Khan. A ritmo cada vez más lento tanto para pedalear como para caminar, y terminando el agua, que nunca es suficiente. Sin pesar pegué la vuelta. Es lo bondadoso de la entrada de tres días, no hay que apurarse y se puede disfrutar al ritmo personal.
El segundo día que fui, luego de más un día de descanso, también me encontró peleando al amanecer, pero esta vez tenía un objetivo puntual: conocer Ta Prohm, más conocido como “el de las raíces de los árboles”. Comenzó a alzarse a fines del siglo XII mirando hacia el hinduismo y para cuando se terminó, casi un siglo después ya era budista.
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Aquí comencé mi día y fue una gran idea, porque al estar ahí tan temprano el lugar fue mío durante casi una hora. Se puede ver casi lo mismo que vieron boquiabiertos (con seguridad) los exploradores franceses que descubrieron estas ruinas a principios del siglo XIX y con acierto decidieron dejar éste lugar casi en las condiciones que encontraron todos los templos. Aquí desayuné, sentada, tranquila, con esta imagen surrealista de frente. Uno de esos momentos en los que “caigo” en lo que estoy haciendo, y sólo por eso se me dibuja una sonrisa en la cara, y el corazón golpetea más de lo habitual.
Dejando atrás este lugar y momento difíciles de superar mi día siguió por Pre Rup, que al parecer sus pagodas piramidales en terrazas que se elevan desde el nivel del camino escondieron el primer mausoleo que se conoce de esta cultura, y muy cerca conocí también Banteay Kdoi y Sras Srang.
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Mi último día de recorrido quise hacer algo distinto. Con todo el coraje fui luego del almuerzo, de nuevo en bicicleta, y esta vez hacia los mas distantes en el este. Después de tomar algún camino equivocado, finalmente llegué a Ta Som, que es como un primo de Ta Prohm, dejado sin intevenir. Y el “tapado” para mi fue Prasat Kravan, uno pequeño, de bajo perfil, en el camino, casi que ni me detengo, pero tal vez por todo esto es el que más me sorprendió cuando en su pagoda central descubrí imágenes como ésta…
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La idea de ir tarde este último día era ver el atardecer, pero lo bueno que fue el nublado durante mi recorrido se me vino en contra cuando quise subir la colina para ve el atardecer y por la lluvia (sí, empezó a llover un rato antes y mi paseo en bici fue completamente perfecto!) el terreno no estaba apto para la circulación y en palabras textuales del guardia, “el atardecer se canceló”.
Nada pomposo final para tremenda excursión. Es un poco triste cuando termina porque uno ya se encariñó con el lugar! Y quedaron cosas sin ver, pero fue hermoso: Maravilla del Mundo sin dudas!

Datos Útiles:
– ir lo más temprano posible, no sólo por el amanecer, sino porque después de las 10 de la mañana la temperatura se hace muy difícil de soportar;
– llevar mucha agua y algo para comer, se puede comprar frutas, bebidas y comidas, pero es más caro que en la ciudad;
– estar atentos a que en varios templos no se permite ingresar con los hombros y rodillas descubiertas, no se pueden cubrir con un pareo, tiene que ser “ropa”;
– con un poco de paciencia y astucia se puede huir de los grupos de turistas que copan todo escenario, por momentos es obcena la cantidad de cámaras de fotos…;
– chequear que la cámara de fotos funcione antes de salir, batería cargada y espacio en la memoria… Se sacan muchas fotos…

Sobre El Autor

Soy Vito. De raíz riojana y treinta y pico de años. Viví también en Córdoba, Mar del Plata, Buenos Aires. Viajé por Nueva Zelanda, Cuba, Italia, Bolivia y otra veintena de países más. Pediatra de vocación y formación, y en los ratos que me hago entre el trabajo “serio” trato de aprender algo nuevo (tejer, cocinar, fotografiar, hablar otros idiomas, lo que sea). Amante del yoga (a.k.a. “profesora”), curiosa ayurvédica. Estudio y trabajo con la salud y la enfermedad, pero a mí lo único que me curó fue viajar. Una vez sentí que era hora de poner los pies en la tierra… y lo tomé demasiado literal, quizás.

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4 Respuestas

  1. Dany

    Hermoso Vicky!!!! Me gusto eso del desfio fisico!!! Que lugar majestuoso! Segui disfrutando. Besos

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