Indonesia, la odisea (parte I)

Y nosotras queríamos ir a Indonesia…
Resulta que la forma más fácil y trillada es tomar un vuelo a Jakarta o Bali y pasar vacaciones paradisíacas. Pero como es lo que todos hacen queríamos salir del lugar común. Queríamos llegar a Sumatra, más agreste, más salvaje, y mucho más complicado de acceder.
Opciones desde Singapur, ferry hasta Bintan o Batan y desde ahí otro ferry a Sumatra. Nos gustaba más el norte y un ferry tardaba más de ocho horas en llegar. Mucho tiempo de investigación, Internet, la fukin Lonely Planet que no hacían más que confundirnos. Finalmente conseguimos el plan perfecto, ir en bondi durante la noche hasta una ciudad de Malasia desde donde podíamos tomar un ferry de tan sólo dos horas a Sumatra. Mas barato que un vuelo de última hora, nos ahorrabamos el hospedaje con el viaje de noche, cerraba por todas partes. Compramos felices los pasajes de colectivo, nos sacamos todas las dudas acerca de las visas, y a la noche después de una rica cena fuimos a tomar nuestro colectivo.
Más conocido como “coche cama”, muy cómodo, no muy lleno. Estábamos en los primeros asientos y el copiloto me llamó la atención porque tenía los pies sobre el respaldo del chofer, con una cara de “por favor nena, qué haces?” y acto seguido se sacó los zapatos y subió los pies a la guantera… Injusto?
A tan sólo media hora de Singapur la salida, y diez minutos luego la entrada a Malasia. Meros trámites, cero complicación.
La ruta en excelente estado y los conductores totalmente degenerados. Por suerte no vi la velocidad, pero iba muy rápido. Algunas frenadas bruscas me despertaban de tanto en tanto, pero descanse bastante para ser un viaje. Llegamos temprano en la madrugada, todavía de noche, lloviendo. Nos acercamos a los taxistas a preguntar cuanto nos salía ir al puerto para tomar el ferry y ahí la noticia: hace casi dos años que el ferry no existe más. No hay forma de ir por agua a Sumatra desde Penang. Nos miramos y no pudimos más que reirnos de nosotras mismas. Tanto leer al vicio!
¿Y ahora?!
Un lugareño que nos vio desconcertadas se acercó a contestar nuestras dudas. Nos recomendó que fuéramos al centro de a ciudad a esperar que abrieran las agencias y tal vez así conseguir algo no tan caro. Era lo lógico, así que ahí fuimos.
Fueron dos largas horas en las que vimos como Georgetown se despertaba, mientras pensábamos por qué el universo no quiere que vayamos a Indonesia, y si vamos a algún lugar en Malasia? O Tailandia? Ya habían varios turistas en la pequeña calle, yo tenía mi camiseta de argentina así que varios compatriotas me reconocieron, un chileno (que es casi latino, como diría alguna luz de nuestra farándula), y un yanki que me dijo “Aryentina? Oh, Ginobili!”.
Cuando nos dieron las nueve, fuimos directo a Air Asia a ver que nos decían. Y finalmente decidimos volar hasta Medan, y desde ahí tomar un colectivo a alguna ciudad. Reservar por Internet salía algunas monedas menos, así que terminamos comprando desde la web.
Nos fuimos a la parada de bondi que nos llevaba al aeropuerto, haciendo cuentas en monedas varias y pensando en si comer o no. El viaje al aeropuerto fue largo,una hora y un poco más. El cansancio empezaba a hacerse sentir. Al llegar hicimos tiempo hasta que comenzó nuestro check in y luego cerca de la puerta de abordaje. Precario aeropuerto, en construcción o reforma, por lo que sólo quedaba una parte de pasillo para compartir entre dos puertas. El avión llegó y salió un poco tarde, pero el vuelo fue muy corto.
Increíble pero finalmente llegamos a Indonesia! Huso horario mediante, salimos a las cuatro y media y luego de menos de una hora llegamos a las cuatro y veinte! Recuperé una hora más. El ingreso demanda una visa de 25 US$ por treinta días, la visa de siete días fue otra falacia de la Lonely Planet…
El yanki de la mañana nos había anticipado “no se van a querer quedar en Medan, cuando lo vean van a saber por qué” y así fue. En realidad ni llegamos a verlo porque desde el aeropuerto no más arreglamos un taxi hasta una supuesta terminal de colectivos desde donde nos iríamos a nuestro siguiente destino. El taxi no demoró ni cinco minutos en entrar a un tránsito caótico como tal vez nunca vi, las reinas de la calle aparecieron por cientos, las motos. Fácilmente triplican en número a los autos. Estaban por todos lados, se metían por rincones increíbles, y hasta por la vereda. Parecía ser una hora pico y la salida del trabajo, porque sólo uno de los sentidos de la calle estaba así de colapsado. Semáforos y agentes de tránsito eran ignorados por igual. Había que mandarse y el taxi se mandó. Llegamos a lo que no era para nada una terminal de colectivos. Una calle con más despelote que el resto porque había combis estacionadas a los costados. Sigo creyendo que el taxi simplemente nos llevó a donde sus amigos.
No nos habíamos bajado del taxi cuando nuestras mochilas ya eran llevadas por unos chicos hasta lo alto de una combi. Les pedimos que las bajaran porque llovía y no parecía que las fuéramos a ver de nuevo si viajaban ahí. Las metieron dentro, junto con nosotras y nos dijeron que en cinco minutos salíamos. Fueron unos veinte. Y salimos. En este caso el copiloto iba en la puerta lateral, literalmente, colgado de la puerta abierta casi todo el camino. Así podía ver si alguien quería subir y también oficiaba de alerta a los demás vehículos acerca de las maniobras del chofer. A gran velocidad siempre, por un camino bastante malo y demasiado estrecho para dos sentidos. La gente subió y bajó en varios puntos durante las dos horas del viaje, más de uno fumando, y el servicio de entretenimiento… Una pantalla en la que pasaron tres videos una y otra vez durante las dos horas del viaje. Música estridente y un baile muy particular, como una zamba pero en cámara lenta, la música más que a zamba se parecía a cumbia villera, una mezcla potente, que me dejó la cabeza totalmente quemada.
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El destino, Berastagi. Llovía claro, cuando llegamos. Caminamos hasta un cartel que decía “guest house” y ese fue nuestro hogar. Una habitación sin ventanas y con un olor a humedad padre!  Pero estábamos tan cansadas que no nos importó ni eso ni no tener ducha…
Al día siguiente tomamos el primer servicio fuera de allí. De nuevo una combi, pero esta vez éramos nosotras tres y una pareja holandeses. El siguiente destino, Parapat. En el camino paramos en una catarata, Sipiso piso (y si no?) y una ciudad de algún rey.
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En Parapat nos recibió un grupo de entusiastas trabajadores de hostel en la isla de Tuk Tuk, que es a donde el ferry nos llevó.
Recapitulando porque hasta yo me pierdo, en 24 hs estuvimos en tres países, colectivos, combis, avión y ferry. Hay que tener ganas de ir a Sumatra eh!
Y semejante viaje nos valió mucho la pena cuando vimos el lugar en el que estábamos la mañana siguiente (porque llegamos de noche y con lluvia).
Una belleza. Muy tranquilo. Pocos turistas y muy bienvenidos por la gente de a isla. Después de un rico desayuno, alquilamos unas bicis y fuimos a dar un paseo. Camino duro de nuevo, unas subidas agotadoras y más aún porque las bicicletas andaban bastante mal. Anduvimos casi dos horas por hermosos paisajes cortado por pocas casas muy humildes, los chicos yendo o volviendo de la escuela, los arrozales. Tranquilidad por donde se mire. Bajo un sol ardiente. Y por delante una oscura y amenazadora tormenta. Cuando los truenos fueron más frecuentes, dimos las vuelta y volvimos.
El premio a nuestro esfuerzo, un chapuzon en el lago. Un día casi perfecto!
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Recuperamos algo de energía comiendo y salimos de nuevo, esta vez a dar un paseo hacia el otro lado del pueblo. El celular de Lohini sonó y comenzó otra etapa del viaje…

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