Inicio del “Tongariro Alpine Crossing”

ACLARACIÓN: El neozelandés para decir “todo bien/groso” te dice “sweet as”. Hay que adaptarse a los modismos locales, ok, “boludos“?!

La idea de ir al Parque Nacional Tongariro terminó siendo una aventura que por momentos va a sonar al guión de una mala película de terror, pero no.
Retomando el hilo de nuestra historia (?), me fui de Rotorua con un día espléndido, lo que convierte en mentira aquello que dije acerca de no haber conocido su cielo, perdón, no volverá a suceder…

Llegué a Turangi y el bus me dejó convenientemente en el sitio de información turística. Ahí una blonda lugareña respondió a mis inquietudes de cómo llegar al parque en ese horrendo inglés neozelandés que hace que la mayoría se me escape y termine interpretando más que entendiendo. Me reservó una combi para esa misma tarde y me fu a la biblioteca a reservar on line el hostel, porque es más barato 😉 .

Cuando fue la hora de subir a la combi vi que era la única pasajera… Raro. El chofer sólo me dirigió la palabra para señalarme el volcán en el camino, y para que le recuerde el nombre del hostel porque nunca lo había escuchado ni llevado gente ahí… Raro II.

49 km después llegamos, fue fácil de encontrar porque era lo único que había a la vista en esa recta, no estaba cerca de la Villa del Parque. Me dejó en la recepción, entré y no había nadie, sólo dos carteles: uno que tenía los horarios de atención de a recepción (y yo estaba fuera de ellos) y otro que decía “en caso de necesitar atención, presione el botón NARANJA una sola vez y espere”. Perfecto, salvo por el detalle que durante 40 minutos no encontré el fuking botón por ningún lado!

Necesitaba ir al baño, así que dejé mis cosas ahí y me mandé al hostel. Vi que había varias habitaciones, todas vacías, vi la cocina, el baño, pero ninguna persona. Volví y empecé a estudiar la posibilidad de que lo que yo pensaba que era el router no lo fuera. Sí bien no tenía botones de colores, era mi última opción antes de irme a caminar por la ruta hasta encontrar otro lugar, y por supuesto, era ese el intercomunicador. Una mujer me contestó desde algún lugar, y diez minutos después estábamos cara a cara (nunca me animé a preguntarle que entendía ella por “botón naranja”).

Me reservó el transporte a la base del camino para el otro día, me indicó cual era mi habitación, remarcando el dato de que no tenía llave, y me dio un mapa del hostel para explicarme dónde estaban los baños, la cocina, el hidromasaje, la sala de tv, y el misterioso lugar de proyección de video, “tenés que encontrarlo” me dijo, y yo pensé que era porque todo el lugar parecía un laberinto…
Le pregunté qué podía hacer durante el resto de la tarde para aprovechar el día en ese precioso lugar, “sentarte a leer un libro”, fue toda su sugerencia, muy raro!

Me cociné algo, intenté dar una vuelta por el lugar, pero me di cuenta que su sugerencia tenía mucho sentido: estaba lejos de todo, y no valía la pena cansarme. Me fui a la sala de tv con mi libro, puse un canal cualquiera, leí media página y cité a Mai, mi sobrina, “estoy aburrida!”. Al rato escuché sonido de “gente”, maravilloso! Fui a ver de quien se trataba, era Sabrina, mi primera compañera de habitación. Nos reímos de la búsqueda del botón naranja, y de ser las únicas personas en el hostel. Y nos quedamos viendo tele y charlando. Luego llegó Ricky, un kiwi que decidió que para salir a conocer el mundo primero tenía que conocer su propio país. Y traía cerveza! Se sumó Claudine, francesa que hace más de tres años está viajando, y nos contó que había tres chicas más en nuestra habitación. Esto ya era una multitud! Una pareja de alemanes completaba el grupo de todos los que iríamos al camino alrededor del Tongariro el día siguiente.

Cenamos y tuve la desgraciada idea de tomar un café, para calentarme porque empezaba a hacer mucho frío, y gracias a eso no me pude dormir hasta altas horas de la madrugada, enroscada en pensamientos varios, y conclusiones escasas.

Arranquemos no más… (tengo toda la ropa puesta, o superpuesta mejor dicho)

El gran día de la caminata arrancó muy temprano, había que estar listos a las 6.45 am. Previo desayuno y preparar el equipaje del día: algo para comer, agua, cámara de fotos, y lugar para poner algo de toda la ropa que tenía puesta por sí empezaba a hacer calor. Fuimos a por otros pasajeros más y nos encaminamos hacia donde se inicia el circuito con el amanecer de frente. Mucho frío! Mucha gente!

El recorrido total es de 19 km, partiendo de algo más de 850 mt para alcanzar tan sólo unos 1900 metros de altura. Fanáticos del Señor de los Anillos reconocerían muchos de los paisajes… no es mi caso, pero hasta llegó a interesarme un poco… (Ya se me pasó).


Las imágenes cuentan lo mejor. Los datos de color que puedo agregar es que mientras recuperábamos aire en una de las subidas nos quedamos nuevamente sin aliento al ver al auténtico Forest Gump, un flacucho de barba y pelos largos, gorra, short setentoso y sólo un rompevientos sobre la piel, que nos pasó corriendo. Sí señores, corriendo. Mucha gente por delante, y por suerte mucha gente por detrás, porque me empecé a sentir bastante vieja. Por suerte estábamos en equipo, psicológicamente debe ser tremendo hacerlo sólo. Hubieron unos 40 minutos absolutamente horribles, llegando a la cima del Cráter Rojo, con el viento helado que no paraba, literalmente dentro de una nube, y mi mente iba desde desear guantes y un pasamontañas a preguntarme porque estaba ahí sí hace dos semanas estaba en la playa.

Sol, ven a mí!

El premio a tanto esfuerzo es llegar a las Lagunas Esmeralda, increíble. Y como sí fuera a propósito cuando llegamos ahí, el cielo se despejó, salió el sol y un hermoso clima nos acompañó el resto del camino que fue cuesta abajo y hasta aburrido por momentos.

Desde ahí, fuimos al refugio donde nos sentamos a almorzar y a una pequeña siesta al sol en el suelo.

El Mono Viajero posando con la Laguna

Con Sabrina y Ricky, el equipo en la cima!

Los últimos 6,5 km fueron interminables, aunque más rápidos y en descenso, lo más loco fue que luego del paisaje de páramo montañoso entramos como en un bosque verde, húmedo y frondoso, con un río que nos acompañó hasta la salida, donde los primeros en llegar estaban tirados en el piso comiendo. Todo nuestro grupo llegó a tiempo y volvimos al hostel.

La satisfacción de la misión cumplida!

Desde que nos habíamos ido sabíamos qué íbamos a hacer al volver al hostel: copar el hidromasaje! Fue un regalo del cielo, los músculos lo agradecieron infinitamente. Ducha y cena reparadoras. Para esa hora ya había un nuevo grupo de gente en el hostel, así que nos quedamos un rato largo escuchando las desventuras de un holandés en Asia.

Esa noche nos dormimos temprano. Sabrina y Ricky iban a hacer otros tramos del camino que no hicimos porque agregaba varias horas al treking, pero son buenas opciones si el clima acompaña y hay tiempo: el Monte Ngauruhoe, dos horas más, y el Tongariro Summit, el mismo tiempo casi.
Yo volví en mi combi privada a Turangi desde donde salía el bus a Wellington esa misma tarde.

INFO IMPORTANTE PARA HACER EL “TONGARIRO ALPINE CROSSING”:

*creo que lo mejor es ir desde alguna de las villas del parque, Nacional Park Village o Wakapappa Village; se puede ir desde otros lugares pero hay que levantarse muy temprano, porque el recorrido se comienza a las 8 am, y puede tomar hasta ocho horas terminarlo.

*se recomienda llevar al menos 1,5 litros de agua, y se toman, molesta el peso en la mochila, pero es necesario.

*comida, lo más usado son frutas y sánguches, también muy bienvenidas las barras de cereales.

*rompeviento/impermeable, FUNDAMENTAL en cualquier época del año.

*muy buen calzado, el loco de Ricky lo hizo en patas, pero es una costumbre de las islas del Pacífico andar en patas todo el tiempo.

*abrigo, siempre hace un poco de frío creo, la estrategia de las capas de ropa es la mejor, porque el clima cambia todo el tiempo y muy rápido.

*guantes y gorro, ojalá los hubiera tenido…

*protección solar.

*mapa, brújula(??), obviamente no los tenía ni los necesité, pero si hay poca visibilidad supongo que son muy útiles, el camino está claramente señalizado y hay una sola huella qué seguir.

*kit de primeros auxilios, me parece un exceso, pero si pasa algo ahí arriba no sé qué se puede hacer.

El invierno complica toda la situación, yo diría que ésa es una buena época para ir al Caribe 😉 !

Sobre El Autor

Soy Vito. De raíz riojana y treinta y pico de años. Viví también en Córdoba, Mar del Plata, Buenos Aires. Viajé por Nueva Zelanda, Cuba, Italia, Bolivia y otra veintena de países más. Pediatra de vocación y formación, y en los ratos que me hago entre el trabajo “serio” trato de aprender algo nuevo (tejer, cocinar, fotografiar, hablar otros idiomas, lo que sea). Amante del yoga (a.k.a. “profesora”), curiosa ayurvédica. Estudio y trabajo con la salud y la enfermedad, pero a mí lo único que me curó fue viajar. Una vez sentí que era hora de poner los pies en la tierra… y lo tomé demasiado literal, quizás.

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